El Swicht de Giselle Brito, entre géneros venezolanos y universales

Por Ángel Ricardo Gómez
Fotografías: Nicola Rocco

Giselle Brito sale a escena elegantemente vestida y feliz: la función está agotada. Se le nota la explosión de sentimientos que genera esa certeza: por un lado, orgullo, entusiasmo; por otro, compromiso, susto. Unas 100 personas la rodean en un escenario a la italiana, en el Espacio Plural de Trasnocho. La joven artista presenta su primer concierto como solista titulado Swicht, en el marco de Noches de Guataca (ahora de día).

Con aires de rumba flamenca, interpreta como abreboca Luna de Margarita de Simón Díaz. La acompañan en escena Juan Carlos Segovia (percusión), Fernando Rodríguez (cuatro), Luis Freites (bajo) y Diana Valero (teclado).

Con la idea de hacer un mix de culturas, Swicht fusiona temas venezolanos con ritmos universales y clásicos brasileños y del jazz con géneros locales. Giselle Brito le corre música por las venas. Es hija del cantante y cuatrista Rafael “Pollo” Brito y la fagotista Nerva Eliett. De inmediato queda de manifiesto su talento.

A su madre le dedica Eres una en un millón de Ilan Chester, en una versión que apunta al smooth jazz. “Conocerte fue mejor, porque tú brillas más que el sol, sin duda alguna / eres una en un millón”. Finaliza su interpretación y de inmediato suena De repente, de Aldemaro Romero como un bossanova.

 

Aquel clásico de la música venezolana interpretado por la imponente voz de Gualberto Ibarreto, María Antonia (de José Ramón Villarroel), suena ahora con tintes de jazz y swing latino. “María Antonia es una mujer que está loca de remate / escribe con una escoba y barre con un Paper Mate…”. El público se la sabe y corea. Ya Giselle está en confianza y deja escapar parte de su frescura y desparpajo, como cuando dice: “¡Tengo la mejor banda de la vida!”, lo que desata la aprobación del ensamble.

Moliendo café de Hugo Blanco antecede a Hit the road Jack de Percy Mayfield, un swing que activa los chasquidos de los dedos en la audiencia que acompaña el ritmo sin pudor alguno.

En su carrera como cantante, Giselle Brito ha trabajado junto a Óscar de León, C4 Trío, Iván García,  Primate Percusión Teatral, Huáscar Barradas y Guasak 4. Ha compartido tarima con artistas como Robert Vilera, Marcial Istúriz,  Mirna Ríos, Gerard Chipi Chacón, Solo Ensamble, Luis Fernando Borjas y Nelson Arrieta. Además formó parte de la Orquesta Latino-Caribeña Simón Bolívar, y de la agrupación Moka Big Band.

Brito hizo una colaboración especial como solista en el álbum Pa' Tío Simón, nominado al Grammy Latino y en la actualidad, hace dúo junto al reconocido beatboxer venezolano Jhoabeat, en el proyecto experimental Chiraka Sound.

Precisamente, el primer invitado es Jhoabeat, quien la acompaña en Acidito de Adeliz Freites, un merengue venezolano donde se cuelan acordes de A mis hermanos de Aquiles Báez, para ofrecer una pista del próximo invitado.

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El guitarrista, principal promotor de Guataca, participa ahora en una deliciosa versión de Flor de Lis de Djavan, a la que sigue O pato de Jaime Silva y Neuxa Teixeira, con un cumaco amarrado al ritmo de un sangueo de Ocumare.

Siguiendo con la música brasileña, Brito toma ahora el clásico, Desafinado, de Antonio Carlos Jobim y Newton Mendonça, y lo trae al sur del Lago de Maracaibo con una gaita de tambora.

Ante la petición de otra canción, la joven regala una íntima interpretación de Viajera del río, con una niña del público sentada en sus piernas y otra abrazándola.

Giselle Brito tiene todas las cualidades para grabar su primer disco como solista. En lo técnico e interpretativo, así como en el dominio de la escena y carisma, puede marcar una pauta entre las nuevas voces femeninas de Venezuela. Habrá que seguirle la pista.

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