UNA VOZ Y UNA GUITARRA: Nella y Aquiles Báez se encontraron en Guataca Nights Panamá

Por: Joel Bracho
Fotografías: Luis Quintillo

En medio del escenario una joven sola. Con ojos cerrados y en silencio. Respira un par de veces antes de marcar el ritmo con el sonido ahogado de sus palmas. Y de pronto canta como para sí misma.

Así, en intimidad compartida, comienza el concierto de Nella Rojas en Panamá, con la magnífica estampa margariteña de La Negra Atilia. La escena sencilla y casi costumbrista de la vendedora del mercado se transforma en otra cosa, conmovedora y entrañable, cuando las palabras de Henry Martínez y la intrincada melodía de Pablo Camacaro pasan por la voz de Nella. En apenas unos segundos, la cantante se ha ganado la simpatía del público, que aplaudirá con entusiasmo cuando la voz se apague en la última nota.                       

La noche promete: este será un concierto memorable.

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Y mucho más por la presencia de Aquiles Báez, el maestro de la guitarra que para este concierto aparece en su faceta de acompañante, menos conocida que la de solista, pero en la que destaca con excepcional solvencia. Aún el público aplaudía por la primera canción cuando Aquiles se unió a la cantante y comenzó la introducción de Fin de fiesta, una copla por bulerías de Javier Limón, el productor español con quien Nella prepara su primer disco.

Este inicio marcará el concierto: entre lo tradicional y lo actual, lo venezolano y lo iberoamericano. Música diversa recreada con la versatilidad y la singularidad interpretativa de Nella Rojas y Aquiles Báez.

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Si algo ha caracterizado a Guataca en los últimos años es su internacionalidad. La creación compartida entre músicos de diferentes lugares y culturas, la presencia en varias ciudades del mundo, el atravesamiento de géneros, épocas y ritmos. Nella y Aquiles son una muestra perfecta de lo que esto significa. Nella se formó en Boston, en Berklee College of Music, y ha seguido desarrollando su carrera en Nueva York. Y fue en Estados Unidos donde la margariteña se encontró con la música de su país y comenzó a hacerla suya. Además ha sido desde allá que se ha dado a conocer, especialmente gracias a una serie de videos compartidos en redes sociales con los cuales ha cautivado rápidamente a muchas audiencias. Su voz, su interpretación son así: atrapan a la primera escucha.

Aquiles Báez, por su parte, ha sido uno de los grandes difusores de la música de Venezuela dentro y fuera del país, no sólo con sus propias composiciones, discos y presentaciones; sino trabajando con otros, produciendo discos, montando espectáculos, apoyando talentos. Pocos han hecho tanto como Aquiles por la música, y pocos han atravesado con tanta comodidad todos los géneros, compartiendo con los músicos más disímiles en las formas musicales más variadas. Y en su faceta de promotor del trabajo de otros, Aquiles es, junto a Ernesto Rangel y un equipo que ahora se extiende por varias ciudades del mundo, uno de los impulsores de Guataca como proyecto y como plataforma de difusión e intercambio musical. Por eso fue el primer músico en presentarse en las Guataca Nights de Panamá, de modo que este concierto con Nella era su regreso al escenario panameño.

Ante la presencia de estos dos, la sala se hizo pequeña, por lo que hubo que abrir una segunda función. Así que el concierto se presentó en doble tanda, una seguida de la otra, para poder dar espacio a todos los interesados en escucharlo.

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A la dupla de voz y guitarra se le unió un invitado de altísimo nivel. El percusionista panameño Omar Díaz, formado en el Conservatorio de Música de Puerto Rico, fue pieza clave para terminar de crear las atmósferas rítmicas y sonoras del concierto, en perfecto ensamblaje con los otros dos músicos. El conjunto final resultó balanceado, armónico y muy apropiado para afrontar el amplio recorrido musical de la presentación.

Luego de las piezas de aire gitano compuestas por Javier Limón, y de Tu amor es paz, la única composición de Nella incluida en el concierto ­–escrita desde el frío de Boston con el calor y la playa de Margarita en mente–, vinieron unas cuantas canciones que la cantante identificó como “joyitas” del repertorio venezolano. Era una declaración: con estas canciones Nella exploraba su identidad, compleja por supuesto y formada por múltiples influencias, entre las cuales la música de su país es un punto de anclaje y de retorno.

Fueron unas pocas obras, escogidas por ella para acompañarla en su gira internacional, como Sabana, de Simón Díaz, Es verdad, de Ilan Chester, y Viajera del río, de Manuel Yánez. Para esta última, en la segunda función un invitado especial subió también al escenario: el maestro Cheo Hurtado, que estaba en Panamá para realizar algunas presentaciones propias y había compartido con Nella y Aquiles en días previos al concierto, aportó su presencia y su cuatro al conjunto.

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El siguiente segmento de la noche tuvo a la guitarra de Aquiles como protagonista. Inició con una improvisación, en la que destacó la experimentalidad de su ejecución junto a las exploraciones percusivas de Omar Díaz, seguida por algunas piezas de su autoría, como la muy conocida A mis hermanos –que en la segunda función fue sustituida por Un tango para Astor dedicada a Piazzolla– o la singular Móviles, compuesta a partir de los ruidos del patio de su casa familiar en la Vela de Coro, estado Falcón, al occidente de Venezuela. Este grupo de sus composiciones terminó con el regreso de Nella para cantar Mi pequeña, la canción que Aquiles compuso hace algunos años para su hija.

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El viaje continuó con un homenaje a Panamá, para el cual se sumó al grupo el destacado violinista panameño Joshue Ashby, quien fue compañero de Nella en Berklee y es además miembro de la Orquesta Sinfónica Nacional, profesor en la Fundación Danilo Pérez y director del grupo experimental C3 Project. Con Joshue como invitado, los cuatro músicos interpretaron su versión de Patria, de Rubén Blades.

Ya se acercaba el final, que llegó con fuerza y cargado de historias. Primero vino el tema principal de la película Todos lo saben, del director iraní Ashgar Faradi, protagonizada por Penélope Cruz, Javier Bardem y Ricardo Darín. Antes de deleitar al público con su voz, Nella contó cómo fue invitada por el director a participar en la banda sonora de esta película que abrirá el próximo Festival de Cannes. Y luego vino la pieza por la que se ha dado a conocer recientemente, Me llaman Nella, el sencillo promocional de su disco, también compuesto por el productor Javier Limón.

Con esto terminaba el programa, pero los aplausos llamaron a seguir. Un par de piezas sirvieron de complemento a la noche: Cheo Hurtado regresó para acompañar el valse Media luna andina, de César Prato y finalmente la banda completa cerró el concierto con un tango. Volver,  sirvió a la vez de despedida y de promesa de próximos encuentros con la música.

Acaso la más elocuente imagen del concierto fue la del público que sonreía satisfecho a la salida. Animada por la música, la gente se marchaba contenta… hasta la próxima Guataca.

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