Guataca Nights NY: El tuyero ilustrado

En enero de 1892 se publicó en Caracas la primera edición de “El cojo ilustrado” una magnífica iniciativa de Manuel María Echezuria dirigida por J.M. Herrera Irigoyen, que marcó un hito en la historia editorial de publicaciones y revistas en Venezuela, ofreciendo fotograbados, textos únicos y un espacio que contó con nombres como el de Rufino Blanco Fombona o Rubén Darío dentro de sus colaboradores. En enero de 2017, con apenas días de diferencia para marcar exactamente los 125 años de distancia, se presentó en Nueva York “El tuyero ilustrado” una bellísima producción discográfica editada en 2016 por los músicos Edward Ramírez y Rafa Pino.

El nombre del disco conjuga las dos raíces que le dieron pie. “El tuyero” obedece al estilo del joropo homónimo, propio de los Valles del Tuy, región que abarca los estados Miranda, Carabobo y Aragua en Venezuela. Ese género está caracterizado por ser ejecutado en dúo, con un arpista (de instrumento muy particular, con cuerdas de metal) y el cantante, que además de recitar, lleva a su vez las maracas. El joropo tuyero es el único que no tiene al cuatro como figura acompañante. La fórmula se describe como arpa, maraca y buche. “Eche por ese buche” es una manera de decir “dime lo que tengas que decir”.

El “ilustrado” que comparten la revista y el disco, no obedece a una pretensión enciclopédica tratada con sorna, sino a un experimento híbrido, que reunió a varios diseñadores gráficos e ilustradores en distintas sesiones, alrededor de una misma idea: aportar y traducir en imágenes visuales todo lo que las canciones decían o sugerían. El tema Viernes de quincena fue el primero en exponerse a este intento, del que resultó un primer lyric video. El proyecto no solo tendría ritmo y letras, sino curvas, contrastes y trazas. Así nació “El tuyero ilustrado”.

La segunda Guataca Nights NY del año estuvo regida por un costado de la música venezolana que no es muy conocido. Sin percusión, con un estilo recitable, presto a la métrica y la picardía de las canciones, el concierto reveló a través de varios códigos sonoros y estéticos un ámbito que en vez de globalizar, busca internacionalizar un estilo definitivamente local.

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La parada anterior de su gira por los Estados Unidos los trajo a Manhattan desde Seattle. Hecha la presentación de ambos artistas y dispuesto todo para el primer tema, Edward bajó muy rápido del escenario tras un elemento fundamental: su cuatro. El aguacate abrió la noche contando la rebelión de un mango frente a la encarnizada “tiranía” del vegetal. Un buen día el aguacate / Calladito pero astuto / Pensó en decorar con luto / La paz de lo vegetales. El rasgueo del cuatro nos recuerda que Ramírez está llevando a 4 cuerdas la referencia original de 32. El tema, que finaliza con la inmolación kamikaze del fruto dulce, es una versión del Pajarillo de Yustardi Laza y da pie de seguida a Carta en rima a Carolina, auténtica misiva fresca y rimada.

Tristemente célebre está ambientada en La Rotunda, una fatídica prisión del régimen Gomecista que azotó a Venezuela durante 27 años a principios del siglo XX. El único requisito para estar recluido en ella era oponerse al régimen del dictador. Para este tema en el disco, contaron con los arreglos de Juan Manuel Trujillo, “un arreglo loco pero bonito” acotó Pino. Entre tema y tema se fueron dejando caer los notorios cambios de métricas, cambios unidos a la cadencia de la voz y su compaginación con el cuatro.

La historia que verso a verso se nos narra, es la de Nereo Pacheco, un ser siniestro, cabo de presos, que teniendo una supuesta sensibilidad artística (tocaba el arpa) se dedicaba a azotar a los demás reos. A palo limpio les daba/ Su cuota diaria de infierno / De pavor y desgobierno / Así como el ladino diablo ordenó. La canción cerró con un exhorto en voz de Rafa, muy acorde a los tiempos que corre nuestro mundo: “Quien no dice lo que piensa, tarde o temprano se convierte en esclavo”.

A las líneas de protesta y reflexión siguieron unos delicados acordes que la voz (esta vez suave) de Rafa acompañó con Yo no te vi venir / Tampoco te esperaba, estrenando el momento íntimo de la noche. Con Claro de luna la denuncia y el humor se tornaron ternura y confesión. La incursión muy leve del cuatro, hizo junto a las profundas luces azules, que el público se quedara completamente en silencio. Contigo estoy completo / No hay secreto / Ya no hay fantasmas.

A la pregunta “¿Cuántos aquí tienen carro?” La siguió un simpático joropo original de Mario Díaz: El carrito, que remitió a la clásica imagen de esas proezas a cuatro ruedas que a duras penas andan, pero resuelven, llevan y traen. Mi carrito es un perol / Yo no sé cómo camina / Ese pobre cascarón. Siguieron El misterioso, única pieza instrumental de la noche y El enredo, que contó con el percusionista Daniel Prim como invitado en la batería.

Siendo tres en el escenario la carga fue de menos a más, con una descarga a fuego y ritmo: Tengo un hijo que es mi tío / porque hermano es de mi padre. El golpe y la cadencia de este tema hacen pensar en una epopeya toda, familiar y compleja, típica del amor y sus esquinas. Precisamente, en cuanto al vericueto sentimental, Malvada mía llegó para aportar su carta al buzón de quimeras y despechos. Contó Edward, con el cuatro guindado en su pecho, que Rafa lo atajó un día en su casa, despeinado y triste, “enguayabado” como se diría en Venezuela. De allí viene la letra y a ello atiende el acompañamiento.

Amanecer tuyero empezó con un largo intro en las cuerdas de Edward. A la proclama de luces vastas y rayos lisos de ese cielo, la siguió Carmen, para la cual convidaron a otro invitado especial de la noche: Jorge Glem. Los dos cuatristas, miembros de C4Trío, contaron además con Daniel Prim, ahora en las maracas. Siguieron con joropo, pero corridos hacia el oriente.

Manteniendo la potencia de esas 8 cuerdas en el escenario del Subrosa y con ese particular azul eléctrico en los focos del sitio, llegó Viernes de quincena, parodiando la odisea que se vive con el sueldo de cada quien, dos veces al mes. Glem acotó un súper solo (muy propio) y abrió el compás hacia Mi mejor amiga, tema de cierre, uno de los más emblemáticos y graciosos del repertorio. Cuenta la historia de Joselo, fiel entusiasta del amor por una chica que lo ve solo como amigo. El estribillo, sonoro y autóctono, trae la música consigo mismo: Si tu caes allí, chirulí / No sales más, camará, usando esas expresiones tan locales y a veces crueles con las que un guiño se vuelve certeza. “Yo te avisó, chirulí” es un dardo muy venezolano ante una situación improbable.

El ánimo y los aplausos impidieron que los músicos se bajaran del escenario sin tocar otro tema. El comegente, una crónica original de Pablo Estacio brindó sus acordes pasada por el tamiz de el joropo. Está inspirada en Dorangel Vargas, un caníbal confeso, cuya sinceridad ante los casos y víctimas no deja de generar asombro y asco.

Con las líneas del estribillo ¿De quién serán esas manos? ¿De quién serán esos pies? ¿De quien será esa cabeza? ¿Dónde están las otras piezas? El público fue irremediablemente acompañando la cadencia de Rafa en la voz y los zapatazos propios del ritmo. El Tuyero ilustrado marcó el hito de su recorrido por los Estados Unidos sumando tradición y estilo, la particular seña de un género que narra, disfruta, padece y sobre todo, cuenta cantando.

Juan Luis Landaeta

Article published at ViceVersa Magazine

Photo Credits: Cass Fédery