Guataca Nights NY: La isla en canto de Nella Rojas

La armonía es un elemento estético que aceptamos e inclusive, intuimos antes de entender. Sentimos que algo percibido es armónico, porque ocurre ante nosotros sin disonancias, sin alteraciones o desajustes. En el sonido, la armonía se suele parecer a algo correctamente orquestado y, para el público, algo que incuestionablemente es como debe ser.

 


La puesta en escena de Nella Rojas atiende con toda claridad a una acertadísima suma de armonías. Su figura y su desenvolvimiento en el escenario, todavía antes de que podamos escucharla cantar, arrojan la eterna vigencia del dicho “menos es más”, tan denostado en una época de recargas y aturdimientos sonoros o espectaculares en los shows.

Escuchar a la jovencísima venezolana, oriunda del estado Nueva Esparta, al nororiente del país, es ante todo una experiencia límpida, brillante y sencilla, como el reflejo de los aros enormes que escogió colgarse a lado y lado de su cara para su presentación en el bastante famoso Joe’s Pub de Nueva York, un teatro repleto de tremendos recuerdos musicales en la ciudad.

Este concierto en Manhattan fue el punto culminante de una gira que la llevó por Margarita, Caracas, Panamá, estando acompañada por Aquiles Báez en la guitarra, y luego por Miami, hasta Ciudad de México. Con el anticipo de un contundente sold out, la sala del teatro se fue llenando pacientemente. La Guataca Nights de la noche, contó además con dos presencias especialísimas. Por un lado, la de Ilan Chester, reconocidísimo compositor, pianista y cantante venezolano, además de ser una de las figuras más admiradas de la propia Nella. Por otro, el maestro Paquito D´Rivera, una leyenda musical, quien además no cesó de corresponder muchos de los chistes o comentarios de la intérprete durante el concierto.

 Jorge Glem y Nella Rojas. Joe´s Pub. Fotografía Romina Hendlin

Jorge Glem y Nella Rojas. Joe´s Pub. Fotografía Romina Hendlin

La premisa, segundos antes de que las luces bajaran, era muy clara: todos queríamos ver y escuchar a la muchacha que ha estado circulando de forma casi explosiva en todas las redes digitales, multiplicando su voz afinadísima en miles de pantallas, a ambos lados del océano. Verla cantar es escuchar su impronta. La voz de Nella es idéntica a su impronta. Despojada de cualquier exceso, me atrevería a decir que escucharla es una experiencia muy parecida a la de imaginar el canto de una silueta, fina y equilibrada. Un hilo resistente y expansivo. Letal.

Esa apuesta por las sustracciones hizo que empezara el concierto con un sonido mínimo, el de sus propias palmas. Con los ojos cerrados, entonó los primeros versos de la noche: “Al comienzo del día temprano sale la Negra Atilia / con su canasto tejido donde lleva lo de vender”. Como si hubiera tendido un manto cuyo efecto fuera absorber la atención, el local quedó en completo silencio. De pie, con las piernas juntas, formando una columna lírica, dejó claro que no hacía falta más.

Tal y como le recomendó en una ocasión el mismo Jorge Drexler, ella, con ese tema, solo necesita sus palmas. La interpretación hace e hizo el resto. Solo la impertinencia del omnipresente metro subterráneo asomó su estruendo, sumando su bemol al coro. Terminado el tema, compuesto por Pablo Camacaro con letra de Henry Martínez, se incorporó Gilad Barakan, guitarrista y aliado en las seis cuerdas para todo el concierto.

 Bam Bam Rodriguez y Nella Rojas. Joe´s Pub. Fotografía Romina Hendlin

Bam Bam Rodriguez y Nella Rojas. Joe´s Pub. Fotografía Romina Hendlin

Fin de fiesta comunicó con el otro extremo del arco de su repertorio. Con clara influencia andaluza, el tema, original de Javier Limón, es un campo abierto para que el canto y sus ribetes avancen. La cantante, sujetando ahora el micrófono con su mano derecha, clavó el desgarro típico del género: “Uno de esos cuentos sin final /Hoy en mi voz hace memoria/ cuenta como un pobre cantaor/ nunca logró hacer historia”.

Para la mitad del tema, con unos movimientos muy lentos, ya se había sentado en un banquillo puesto justo en medio del escenario. Es la historia de un hombre que dejó su vida en los tablaos. El desamor de un mar de silencio. A la par, sonó el primer solo de guitarra, esencial para ubicar la coordenada sonora de la composición, el aire andaluz y su peculiar desgarro. Luego, ya con todas las luces encendidas y la incorporación del resto de los músicos, siguió Cuatro coplas, abierto con el punteo del bajo de Bam Bam Rodríguez. La banda llegó para sumar y reforzar la voz de la cantante, complementándola con un juego clásico entre guitarra y cajón. Poco a poco, Nella empezó a dibujar cosas en el aire y todos los presentes parecían buscarlas en el espacio.

Con las palmadas sobre la madera del cajón, llegó la movida Una y otra vez, movida y risueña, con reiteradas pausas en un estribillo que Nella consiguió rápidamente replicar desde el público, sílaba a sílaba: “Una-y-otra-vez”, mientras bailaba dando sus primeros pasos por el escenario. Continuó con Ay amor, también de Javier Limón, aclarando en un brevísimo intro que quisiera hablar y contar muchas cosas sobre historias y vivencias propias, pero que el tiempo apremia y ella prefiere que la música hable.

El tema empezó con un aire suave, que incluyó luces blancas en plano cenital y un solo de guitarra con un toque mínimo a los platillos de la batería a cargo de Marcos López. En el punto de la letra donde dice “tu ausencia” extendió su brazo e hizo sentir a quien señaló, en el público, responsable de ese ardor. A este punto todas las interacciones desde el escenario tenían facultades de hipnosis. Nadie se resistía. Luego se convirtió en una rumba con el “¡Vamos, arriba!” de la propia Nella y el resto de la banda. Todos corearon el “Ay amor” por varios compases.

Siguieron Los nacidos, Ciudad perdida y Tantas cosas, para dar paso y sumar al escenario, al invitado especial de la noche: el compaíto Jorge Glem, cuatrista estrella, cumanés, artista orgullo de la tradición y el instrumento que empuña. Nella, de pie, con los pies muy juntos y la espalda muy recta, atendió al rasgueo de Glem y así empezó Viajera del río, que mediada, ofrece la imagen de un anhelo icónico de la cultura guayanesa: La quise tocar/ la quise abrazar/ quise amarla como a ti./ Ni que fuera un mago/ para contener/ la fuerza del río.

Su voz, delicadísima, junto al rasgueo magnético de Glem, parecía invocar también, otra corriente en la sala. Hacia el final extendió sus manos hacia el público, como en una ofrenda. El momento íntimo generado por la composición de Manuel Yánez, dio lugar a la clásica Tonada de luna llena, de Simón Díaz, un patio silente y concentrado que permitió a Rojas extender a su gusto la premisa de que el gesto mínimo puede ser el gesto mayor. Impecable.

¡Se acaba el tiempo!, exclamó la cantante ante alguna seña proveniente de la estricta sala de control del recinto. Justo después, Nella Rojas se daría un gusto. Interpretar un tema que es frecuente en su repertorio, no solo frente a su compositor, sino a uno de sus artistas más admirados, Ilan Chester. Acompañada por Glem, que seguía en el escenario, compartió esa melodía que ante la audiencia, sonaba casi a nostalgia y a éxito instantáneo.

Es verdad/ los amores que se tienen en la vida/ nunca se olvidan. Como si una era completa de las vidas de todos se hiciera presente, se hizo inevitable el coro masivo. La empatía tocaba su punto máximo. ¡La haría otra vez, pero no puedo!, dijo Nella al terminar de interpretar el tema. El mismo Chester celebró lo que acababa de escuchar, desde su asiento.

Para el cierre, llegó la inconfundible impronta de un hit que ha poblado todas las vías de difusión posibles, en el presente cercano. Bien a través de la melodía, bien a través del video clip, Me llaman Nella, autorreferente y puerta de entrada a la presentación de la artista, sumó y tuvo seguidilla vocal por parte del público desde el primer acorde.

Pescadores de mi tierra/ llenan de flores blancas el puerto/ Desde las casas de piedra /las telas bailan a contratiempo. Al momento del estribillo no había nada que dudar, se lo sabía todo el mundo. Alegre, bailó de un costado al otro escenario, plena, sabiendo suya a toda la audiencia.

El remate llegó con Se muere por volver, la canción compuesta por Javier Limón que sumando a todo lo dicho, llevó la voz de Nella a España y a través de la película “Everybody Knows” de Ashgar Farhadi, al mundo entero, con Cannes incluido.

 Joe´s Pub. Fotografía Romina Hendlin

Joe´s Pub. Fotografía Romina Hendlin

Antes contó su ejercicio de visualización, cuando se abrió la puerta que hacía posible que su voz formara parte del soundtrack de la producción. Incluyendo al mapa de España, dibujó a Javier Bardem, actor de la película, bailando con su música. El dibujo fue profético y su deseo ya hoy es registro y memoria. Dando vueltas sobre sí misma, bailando, con una sonrisa que competía con los destellos de su propia ropa en brillo, al son del cajón y la percusión, despidió el concierto, mientras todos coreaban: Por volver/ se muere por volver”. Amén del estribillo volvió al escenario para interpretar Pero hoy, a manera de coda.

De la isla de Margarita, a la isla de Manhattan, al resto del mundo que se disponga a escucharla, Nella Rojas es un punto que vibra y emociona con la sencilla facilidad de un susurro. Formada bajo el reinado del pop femenino allá Christina Aguilera, encontró en Boston la piedra de toque que la conectó con una tradición que le corresponde y que su figura renueva.

Un canto alzado al viento y sin pretensiones nace con esta cantante, que ofrece a quien se acerque “un trago de libertad”, la misma que su tierra reclama y ella exalta con su voz. La llaman Nella y promete, como los mejores susurros, quedarse ante quien se exponga a su escena.

 Nella Rojas, Joe´s Pub. Fotografía Romina Hendlin

Nella Rojas, Joe´s Pub. Fotografía Romina Hendlin