DAVID MOREIRA SE MOSTRÓ EN ESTADO PURO

Por Tomás Ramírez González

Abrió la maleta cuadrada que había comprado en el Carrefour de China. Sacó dos carpetas fucsias, transparentes, que parecían contener las partituras del repertorio de su Demo. Las abrió, y se desplegaron dos camisas color beige de algodón peruano, cuidadosamente planchadas con una técnica que le enseñó un amigo japonés durante una gira. Las colgó en un clavo pegado a la pared del pequeño y desordenado cuarto que hizo de camerino para el primer concierto de música venezolana que hacía en Madrid en 16 años.

Tras una minuciosa prueba de sonido, en la que el cuatro de Jesús “El Pingüino” González dio un poco de guerra para acoplarse perfectamente a los niveles de audio de los demás instrumentos, se abrió la puerta a la nutrida audiencia que se dio cita en las bodegas del Collage Drinks And Arts, de la calle Mancebos de Madrid.

Las cuerdas del violín de David Moreira rompieron el silencio que se sintió en la sala después de las palabras que Manuel González, promotor de Guataca Producciones, empleara para cumplir el protocolo de presentación. La interpretación de pasajes y otras melodías marcaron el inicio de la segunda entrega de las noches de Guataca en la Villa y Corte.

Luego de un abrumador aplauso del público, Moreira llamó a subir al escenario a los amigos que esa noche lo acompañaban. Una plantilla conformada, en principio, por “El Pingüino” en el cuatro y la guitarra, el contrabajista José Vicente Muñoz, el percusionista Carlos Talez y Chelo Pantoja en el cante, pero que fue creciendo con los ensayos. Dani Díaz en la segunda guitarra, Hugo Kwaschnowitz en la voz,  Amador Losada en el cajón flamenco y Tommy González, en las maracas llaneras, completaron el equipo esa noche.

Tras ejecutar un tema muy tradicional con todos los músicos, el violinista se quedó en la tarima con Jesús González a quien presentó con la voz quebrada y los ojos aguados. “Cuando compartimos piso en Caracas, Parque Central, en 1990, me dejó una nota en la cama para darme la bienvenida al grupo de Cecilia Todd”.

Ambos, amigos desde entonces, hicieron magia en el escenario al interpretar Por Una Cabeza, De Conde A Principal y Un Heladero Con Clase. No hizo falta mirarse, no hizo falta una seña. A partir de la conexión se generaron dinámicas y silencios que despertaron emociones de otro mundo.

“Me han dejado volar en el cielo que me gusta volar. A todos deberían dejarnos volar en el cielo que queremos volar” dijo David al público tras agradecer la oportunidad a Guataca y al Collage.

Lo cierto es que el repertorio fue un vivo retrato de la propuesta musical del compositor y arreglista que se ha paseado por la música clásica, la música popular venezolana, la salsa y el flamenco. Durante la cita se abarcaron géneros como la gaita de tambora, la gaita de furro, el merengue venezolano, el joropo oriental, el pop y el flamenco, muy a la manera de Moreira. Como él mismo lo describió, “David en estado puro”.  

El concierto continuó con la voz y la guitarra de Dani Díaz quien interpretó una versión bastante rockera de “Es Verdad”, de Ilán Chester. Una travesura de Moreira que hizo que el público se involucrara de lleno cantando y palmeando el tema con mucha nostalgia.

El vals de Fito Páez, “Vengo A Ofrecer El Corazón” fue uno de los temas más emotivos de la jornada. El particular arreglo, en el que se fusionan el landó peruano, la bulería flamenca y el joropo venezolano, fue completado con el sentimiento y la potencia de la voz de Hugo Kwaschnowitz.

El espectáculo, de una hora y media, alcanzó el clímax con la ejecución de “Venezuela”, una obra compuesta por Moreira, que viaja por los diferentes géneros que han influenciado la vida artística del autor.

“Venezuela / noble de corazón / patria de mano amiga / siempre te llevo por donde voy,” versos también de Chester y, que salieron de la poderosa garganta de Chelo Pantoja para poner los pelos de punta a más de uno.

La canción comienza con un juego entre la gaita zuliana de furro y la bulería, salta a los solos de Moreira y Díaz, que se van alternando hasta que llega el turno del potente “quejío” de Pantoja, un verdadero símbolo del sentimiento que todos los que añoran la tierra caribeña.   

“Ese tema es un compendio de muchas cosas. Me vine por gusto a España hace 16 años porque no aprendes flamenco en otro sitio. Sin embargo, no he perdido mi idiosincracia. No por estar lejos, nos deja de preocupar todo lo que pasa. ¡Qué vivan los seres que queremos hacer un mejor país! ¡Qué viva Venezuela!”.

Minutos después, luego de los abrazos y las felicitaciones, David volvió solo al cuarto desordenado, al camerino donde tenía su maleta china para guardar sus camisas y el micrófono para violín, de la casa Milán Acústico, que lo ha acompañado en los últimos 12 años de su carrera. 

En el ambiente quedaron ganas de seguir apreciando la buena música que seguramenteGuataca compartirá en las próximas ediciones del espectáculo.