EN LA UCV SE LLAMÓ A LA PAZ SIN OLVIDAR EL CORAJE

Texto del periodista Humberto Sánchez Amaya, publicado en el diario El Nacional 

Foto: El Nacional

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En la Universidad Central de Venezuela saben remover sentimientos. Son tantas las generaciones que se han formado, las ideas surgidas, los hechos históricos y convulsos, un imaginario tan arraigado, que es imposible que ese abolengo no trascienda más allá de sus egresados.

Por eso, el concierto realizado ayer en la Plaza del Rectorado tuvo momentos que aguaron los ojos de varios de los asistentes. Si bien tenía a Soledad Bravo como guinda, los instantes previos merecieron el sol de un domingo despejado, en el que los asistentes se entregaron a ese espíritu combativo y a la vez reconfortante que brinda la música.

Primero fueron los integrantes de distintos coros de la casa de estudios, entre ellos el Orfeón Universitario, quienes con el Himno Nacional y el Himno Universitario, ese que detalla muy bien esa idea de la casa que vence la sombra, brindaron los primeros momentos de emotividad.

Había coristas de todas las edades, incluidos orfeonistas de los primeros años del emblemático grupo: Pedro Luis Ponce Ducharne y su esposa Celina León de Ponce, quienes ingresaron en los años cuarenta.

Era día de Pentecostés, ese momento en el que para la fe cristiana el Espíritu Santo se posó sobre los apóstoles. Por eso, el padre Raúl Herrera, de la parroquia universitaria, organizó un encuentro ecuménico con representantes del islam, budismo, presbiterianismo, entre otros, que coincidieron en el llamado a la paz.

Inmediatamente continuó la música con el tenor Víctor López que le dio voz a “Venezuela habla cantando” y la agrupación Desensamblados. Aquiles Báez estrenó junto con Ana Isabel Domínguez una gaita de tambora de protesta aún sin nombre que se opone a la asamblea nacional constituyente. Con Marina Bravo interpretó “Cenizas de la historia”.

Además, estuvo la Orquesta Sinfónica de la Paz y la Luz, llamada así por la ocasión pero integrada por miembros de la Orquesta Gran Mariscal de Ayacucho y colegas que respondieron que sí a la invitación. Fueron dirigidos por el joven Luis Serría. Acompañaron a Fran Strippoli y Trina Medina, quienes interpretaron “Caracas vieja” y “Canto a Caracas”, respectivamente. A pocos metros del famoso reloj de la plaza se recogieron insumos para las llamadas brigadas de auxilio Cruz Verde y bomberos universitarios.

Bravo, o la Mamá del Aula Magna, como la llamó en tarima Claudio Nazoa –uno de los presentadores junto con Caterina Valentino–, fue la más aplaudida, sin dudas. Tocó fibras con “Me gustan los estudiantes”, “La vida no vale nada” y “Gracias a la vida”. Luego, todos los participantes se sumaron para cerrar el acto con “Venezuela”, una elección que no gustó del todo a Bravo por ser “la favorita de Chávez” y porque “sus autores españoles hablaron de las cosas maravillosas que tenemos, pero olvidaron las malucas”. Con “Alma llanera” no tuvo problemas y se plegó con más entusiasmo.