Wuilly Arteaga: un violín torturado

Trabajo especial del diario El País de España que aborda la historia de "El violinista de las protestas" de fecha 10 de agosto del corriente año 

Wuilly Arteaga - AFP | Foto: Federico Parra

Wuilly Arteaga - AFP | Foto: Federico Parra

Un buen día de abril, Wuilly Arteaga agarró su violín y una bandera de Venezuela para abrigarse y se fue de Ciudad Tablita a Caracas. Cambió el barrio con casas de zinc de su infancia y juventud en Valencia (Estado de Carabobo) para luchar en la capital. Su arma era la música. Pero no de destrucción, sino de construcción masiva. Se metía en medio, entre manifestantes y la guardia bolivariana, y tocaba una melodía: “Más que nada para calmar los ánimos”, dice Alfredo Romero, su abogado. Pero hace tres semanas le llegó un aviso. Apuntaron con una bomba lacrimógena a su violín y se lo destrozaron. Consiguió otro. Pero la siguiente fue a darle en la cara y ya después, el pasado 27 de julio, fue golpeado y detenido.

Nada le hacía quedarse en casa. O bueno, en el cuarto donde le habían acogido en Caracas. Él y Hazel Pinto, su novia, clarinetista, salían a la calle y poco a poco, Wuilly, a sus 23 años, se fue convirtiendo en un curioso símbolo. Tocaba en las aceras y plazas por la libertad en Venezuela. “Música de la que nos emociona, canciones como Alma llanera o el himno del país”, comenta su novia. No le fue difícil conseguir otro violín. Tras destrozarle el suyo, le ofrecieron docenas en las calles. “No tenía manos para tanto instrumento. Agarró uno y siguió en las protestas, tocando”. Había que darle un escarmiento. También se lo destrozaron, pero esta vez dándole golpes con él.

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