Guataca Nights NY: La fiesta del cuatro ganador de Miguel Siso

Desde la avenida el DROM no promete mucho. El local nocturno neoyorquino, ubicado entre una venta de smoothies y una tienda de fumadores, no parece una estación para teletransportarse. El 14 de marzo, en una de las más emblemáticas Guataca Nights, lo que en apariencia es simplemente un bar cool con un modesto escenario, se convirtió en la pista de despegue para sobrevolar Venezuela desde su cara más amable: la música.

Daniel Prim, el percusionista, hizo el llamado desde una flauta indígena cual chamán. Acudieron el baterista Fernando Valladares, que comenzó un ritmo de tambores, y lo siguieron el vibrafonista Juan Diego Villalobos y el bajista David Alastre. Por último, apareció Miguel Siso, protagonista de la noche, tocando la melodía del “Nené chimbanglero” que dedicó al maestro Nené Quintero. 

“Estoy feliz de estar por primera vez en Nueva York”, dijo Siso, cuyo trabajo Identidad ganó el Latin Grammy 2018 al Mejor Álbum Instrumental y, gracias a él, el cuatro y la música venezolana ingresaron a una habitación de lujo en la que sólo admiten obras impecables de virtuosos. “Este es un tema que dediqué a los paisajes venezolanos —anunció el músico—. Cuando esté sonando, imagínense su lugar favorito en Venezuela”. Así presentó “Horizontes”, una de las melodías más memorables del disco. 

Miguel Siso, Drom. Fotografía Romina Hendlin

Miguel Siso, Drom. Fotografía Romina Hendlin

“Tiempo de cambio” fue un mensaje a sus compatriotas en tiempos de dificultades. Es precisamente ese tema el que el artista suele acompañar con el fragmento de un programa televisivo del recordado intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri diciendo: “Todos podemos ser excelentes en lo que hacemos”. 

“Sin contratiempos”, una pieza que rescató de su época con el ensamble El Quinteto Menos Uno, sirvió para desplegar solos de Villalobos y el propio Siso, que exhibe siempre una combinación entre sutileza, madurez artística y potencia, que impresiona al público y que seguramente impresionó al jurado del concurso La Siembra del Cuatro cuando lo ganó en 2007. 

Siso contó la historia de “De Borbón a Las Patillas”, que relata un romance que permitió su existencia. Borbón y Las Patillas son los pueblos del estado Bolívar de los que provienen sus padres, a quienes describió como “personas tiernas y muy venezolanas”. Así suena ese joropo: desbordante de venezolanidad, a pesar de la sofisticación del sonido, y de una ternura que es más bien universal. 

La banda bajó la velocidad porque era el momento de “Sonidos de la ausencia”, la más lacónica y delicada del disco. La escribió el artista guayanés cuando su esposa se había marchado a Irlanda y él permanecía en Caracas resolviendo sus asuntos antes de alcanzarla. El ambiente se tiñó de melancolía y eso abrió el camino para que los tambores de Prim anunciaran la angelical “Luna de madera”, canción en la que el cuatrista recurre a uno de sus recursos distintivos: la voz, pero no como vehículo de palabras, sino como un instrumento de viento con el que subraya el leit motiv de sus composiciones.

Siso, nativo de Puerto Ordaz, se fue, como muchos jóvenes de la provincia, a estudiar a la capital. “Es mi segunda casa”, dijo, y alborotó al público preguntando quiénes de los presentes eran caraqueños, antes de tocar un merengue sabroso llamado “Llegando a Caracas”, que además suele recordarle obras de referencia como Reflejando el Dorado (2003) de Aquiles Báez.   

Miguel Siso, Drom. Fotografía Romina Hendlin

Miguel Siso, Drom. Fotografía Romina Hendlin

“Hay una persona aquí presente a la que quiero muchísimo. Es mi hermano —dijo Siso—. Me siento muy feliz de verlo en este viaje. Es inevitable que a alguien como él, con su calidad humana y por cómo toca el cuatro, lo invite a tocar conmigo”. Así presentó a Jorge Glem, que llegó con su sombrero y su compañero inseparable de cuatro cuerdas. Siso recordó que, por un tiempo, fue sustituto de Glem cuando el cumanés se fue a Nueva York y sus compañeros de C4 Trío se quedaron como dúo. Recordó que los dos se reunieron a repasar el repertorio del ensamble. Esas reuniones debieron ser similares a lo que ocurrió ese jueves ante un público boquiabierto y eufórico. 

“De repente”, que ya es un estándar venezolano, fue la que escogieron. La hicieron ellos dos solos. Dos cuatros y más nada. Primero se intercambiaron roles, Glem aportando una percusión y Siso cantando la melodía con acordes, y luego Siso construyendo la base y Glem cantando como si su cuatro fuese una guitarra española. Respetaron la melodía por varios compases, la asentaron y cuando sintieron que ya estaba sólida, se despegaron a improvisar como jazzistas. Convirtieron la onda nueva en joropo y llegaron a un momento de extasis cuatrístico celebrado por la audiencia. Tras ese pico frenético, volvieron a la melodía original, la que escribió en su partitura el maestro Aldemaro Romero: sencilla, poderosa, eterna. De repente, como un niño que se vuelve adolescente.   

Siso, que había mostrado una versión de “Moliendo café”, anunció el final del concierto con un clásico del folclor nacional: “Diablo suelto”, el vals venezolano endemoniado de Heraclio Fernández. Lo interpretó con ganas y se ganó otra ovación, pero no podía irse sin un bis. Recurrió al calipso, a la usanza de su tierra guayanesa, evocando a una “Woman del Callao” a coro con su voz y su cuatro, la banda y el público, que terminó bailando dentro de esa burbuja venezolana que Siso se llevó desde el norte de Suramérica hasta Manhattan.  

La parranda continuó

Desde principios de año había comenzado a fraguarse una gira para celebrar Latin Grammy de Miguel Siso. Una vez configurado, el tour se enlazó con la iniciativa de Guataca de colaborar con las organizaciones Aid for Life y Communitas DEI para enviar un cargamento de alimentos a Venezuela y luchar desde la cultura contra la desnutrición infantil en escuelas y orfanatos. 

Siso, que dio una máster class en el Berklee School of Music de Boston y protagonizó un primer roce de Guataca en Minneapolis, llevó la misma burbuja mágica a Atlanta el domingo siguiente. La banda mutó durante el corto recorrido por Estados Unidos. Allí, en Georgia, tocó acompañado por el percusionista Constancio Cubillán y el saxofonista EJ Hughes, e invitó al escenario a la cantante Cyntia-O. 

Los cambios en la formación marcaron el periplo. No hubo un concierto similar al anterior. El Tour Identidad no necesariamente reprodujo el sonido del álbum. Siso se llevó la melodía, el esqueleto y su esencia. Lo demás se definió in situ. Las piezas se adaptaron a la instrumentación en cada ciudad. En Miami y Orlando, la banda fue la misma: un trabuco con Elvis Martínez (bajo), Adolfo Herrera (batería) y el instrumento melódico, que no fue un vibráfono como el de Villalobos en Nueva York, sino la flauta (y el saxofón) de Eric Chacón. En Miami los invitados fueron su colega del C4, Héctor Molina, el también cuatrista Henry Linárez y la cantante Ivis Cequea. En Orlando, en cambio, la invitada fue Marisela Querales. 

Houston celebró a lo grande. En la banda siguió Elvis Martínez, pero la percusión la aportó Luzbel Jiménez y las melodías corrieron por cuenta del flautista Manuel Rojas (Ensamble Gurrufío) y el violinista Eddy Marcano. Por la tarima pasaron Huáscar Barradas, el bandolista Moisés Torrealba y las cantantes Tereluz y Mary Frómeta. Gracias a Guataca, el cuatro venezolano, campeón de pesos pesados, celebró su trofeo como lo merecía. 

Miguel Siso, Drom. Fotografía Romina Hendlin

Miguel Siso, Drom. Fotografía Romina Hendlin