La Orquesta Filarmónica de Jalisco es la mejor de México

orquesta-filarmonica-jalisco.jpg

Recientemente, la Sociedad Mahler México nombró a la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OSJ) como la mejor orquesta de su país, por su calidad colectiva en la interpretación de las obras del célebre compositor Gustav Mahler. Un reconocimiento que se extiende a los músicos venezolanos, pues un alto porcentaje de los integrantes de esta agrupación son oriundos de la nación sudamericana.

Es la primera vez que una orquesta recibe la máxima distinción que dicho gremio otorga anualmente desde su primera edición, en el año 2000. Antes se le había otorgado a destacados directores, promotores de la música académica y asociaciones que habían sumado a la memoria y destacada ejecución de las obras del austriaco, como el venezolano Gustavo Dudamel, director de la Filamónica de Los Ángeles; sir Simon Rattle, director de la Filarmónica de Berlín, y Eduardo Mata, quien fuera director de la Orquesta Sinfónica Nacional de México.

“Interpretar la música de Gustav Mahler de forma adecuada no es sencillo. Se requieren años de ensamble y cuerpo sonoro que se escuche en bloque, sin desbalance. Todos esos son atributos que tiene su orquesta”, comentó Francisco Bricio, presidente de la Sociedad Mahler México al momento de entregar la distinción. “Si bien a la fecha la Filarmónica de Jalisco no ha logrado la hazaña de ser de las orquestas selectas en el mundo que ha terminado un ciclo completo de las sinfonías de Mahler, le falta muy poco. Lo que hemos escuchado hasta hoy ha tenido una calidad sin precedentes en México”.

Desde el año 2014 el éxodo de músicos del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela coincidió con que a la Orquesta Filarmónica de Jalisco le llegó una nueva administración, enfocada en lograr que la agrupación se convirtiera en una de las mejores de Latinoamérica. Desde entonces varios músicos venezolanos han sido bien recibidos en las filas de la OFJ.

En 2015, la orquesta celebró cien años de existencia. A lo largo de su historia ha estado bajo la dirección artística de Manuel de Elías, José Guadalupe Flores, Guillermo Salvador, Luis Herrera de la Fuente, Héctor Guzmán, Alondra de la Parra, Marco Parisotto y actualmente Jesús Medina.

Annaé Torrealba rinde homenaje a la memoria del maestro Juan Vicente

juan-vicente-torrealba-annae-torrealba.jpg

La cantante venezolana Annaé Torrealba lanza el videoclip de su sencillo No voy sin ti, que forma parte de su quinto álbum Pensando en ti. Con poesía de Henry Martínez, música, arreglos y producción de Juan Carlos Torrealba, quien también interpreta el piano, el tema fue escrito a la memoria del maestro Juan Vicente Torrealba.

A punto de culminar su participación como jurado en la segunda temporada del reality de canto La Voz Imbatible, esta versátil emprendedora se apresta a impulsar su labor a la cabeza del voluntariado artístico de la Fundación Cantamos por la Paz, con una conferencia basada en su programa de radio Sonidos de Venezuela.

Esta charla, que busca promover la identidad nacional a través de la cultura, se efectuará el 17 de julio en la Universidad Santa María y el 25 de julio en la Universidad Central de Venezuela, en una combinación de las campañas Sembrando paz y Música con propósito que lleva adelante para su ONG.

Adicionalmente, la artista se encuentra terminando su nuevo disco de música llanera que espera lanzar en el último trimestre de este año.

Aquiles Machado: “Sadel es un monumento en nuestra memoria”

_26A6475.JPG

Por Gerardo Guarache Ocque

Fotografías: Nicola Rocco

Aquiles Machado visitó su tierra expresamente para rendirle homenaje a uno de sus ídolos a 30 años de su muerte. Quienes asistieron el viernes 5 de julio, en fecha patria, a celebrar la vida y obra de Alfredo Sadel a través de su voz, experimentaron emociones muy complejas. El recital se enmarca en un festival con varias capas de significación. Una cita que celebra el talento y la gracia, pero que, de igual forma, realza la venezolanidad en tiempos de oscuridad.

Frente a una repleta sala de conciertos del BOD de La Castellana, Machado recorrió joyas como “Aquellos ojos verdes”, “Escríbeme”, “Desesperanza” y “Vereda tropical”, cantó con Soledad Bravo y hasta invitó al escenario a Alfredo Sánchez, presentador de la noche e hijo del personaje homenajeado. Además, ofreció un discurso que sirve como declaración de principios. He aquí un fragmento: 

_26A6241.JPG

“Alfredo Sadel jamás se negó a enfrentarse a una dificultad. Cuando estaba en la cúspide de su carrera como cantante popular, decidió abordar y estudiar nuevas cosas. Entrenarse en una cosa que él pensaba que también tenía que hacer, y lo hizo hasta el final y hasta las últimas consecuencias. Eso es algo que nos enseña y que nos habla mucho del tipo de persona que era Alfredo Sadel y que además nos hace entender porqué nosotros hoy tenemos que estar rindiéndole un homenaje. Son ese tipo de personas las que nos enseñan qué tipo de venezolanos tenemos que ser”.

Machado (Barquisimeto, 1973) acababa de culminar una temporada de Carmen en el Teatro Bolshoi de Moscú, un hito que se suma a su historia de éxitos en el universo operístico, donde ha interpretado papeles protagónicos en el Teatro Real de Madrid y el de la Zarzuela, la Ópera de Roma y las de Washington, Los Ángeles y Zurich; el Teatro San Carlos de Nápoles y en el Gran Teatre de Liceu de Barcelona. Y también, en la Deutsche Oper de Berlín, el Metropolitan Opera House de Nueva York y el Teatro alla Scala de Milán.

Venezuela está siempre en el pensamiento del cantante. En un baúl muy preciado, guarda su romance con la música de su país, que ha dado como fruto dos volúmenes antológicos de La canción de Venezuela, producciones de Guataca concebidas por Aquiles Báez, que le permitieron recorrer algunas de las creaciones más logradas del cancionero venezolano. En el futuro, quiere involucrarse en la dirección escénica y orquestal, pero también sueña con unificar los teatros de Venezuela y rescatar el Teresa Carreño. 

—¿Cómo se pasa el switch de lo lírico a lo popular?

—La diferencia entre una cosa y otra está en cómo es el nivel de comunicación. Cuando canto ópera, funciona un entramado que tiene que ver con una historia, un libreto, y allí evidentemente hay un condicionante que es el estilo. Cuando pasas a la música popular también es importantísimo respetar el estilo, pero la palabra pasa a ser dominante. Y generalmente se hace en un formato más íntimo, más cercano al público. El artista se comunica directamente. A mí manera de verlo, creo que nosotros subestimamos nuestra música popular, que es nuestro Schubert, nuestro Brahms, nuestra música camerística-académica. Tenemos esas formas que son equivalentes a muchas otras de música camerística centro-europea. Lo que hago es tratar de entender cuál es la sonoridad de lo que voy a interpretar. Ahí está lo interesante. No se trata de que uno haga menos técnicamente, sino que la aplicación técnica es distinta. La palabra, el fraseo, los sonidos, responden a un tipo de sensibilidad diferente. Al igual que nosotros nos acercamos a la música alemana cuando hacemos música de cámara, procurando entender esa sensibilidad, acá uno intenta lo mismo. La diferencia está en que la sensibilidad inherente a la música venezolana uno la lleva innata.

—¿Cuál es el primer recuerdo de Sadel que registras desde tu infancia?

_26A6233.JPG

—Cuando era niño, escuchaba cantar a mi familia, los amigos de mi papá y mi mamá. En las fiestas siempre había alguien con una guitarra, o alguien que se animaba a cantar a capella, y eso me encantaba. Con el tiempo, como a los 9 años, descubrí que estaban interpretando a un señor muy famoso que se llamaba Alfredo Sadel. Los de Sadel estaba entre una colección enorme de discos que mi papá compró, junto con los de Felipe Pirela, Danny Rivera y de un montón de gente que cantaba boleros y también música folclórica. A mí me produjo mucha curiosidad algo que descubrí. Empecé a entender que Sadel había marcado el oído de la gente: la gente no cantaba las canciones, sino las versiones de Sadel. Me produjo mucha impresión aquello de que la gente quería cantar como él. Él marcó el oído de una generación de venezolanos. En aquella época la sonoridad, sobre todo la del bolero, era única y exclusivamente la sonoridad de Sadel. Aprendimos a cantar con ese fraseo. Oírlo de otra forma me sonaba extraño, y hay cosas que todavía me siguen sonando extraño, a pesar de que son de gente famosísima que canta muy bien. Hoy, cuando voy a estudiármelas, inmediatamente lo que hago es buscar esas versiones de los viejos cantantes, y entre ellos uno de esos pilares es Sadel. Las reviso bien porque ahí está un conocimiento colectivo del que uno no se puede aislar.

—Y más adelante, cuando te encaminaste a ser cantante, ¿qué representaba para ti?

—Cuando quise ser cantante lírico, ya Sadel era cantante lírico. Yo lo conocí primero, viéndolo en televisión, como cantante lírico. Fue una de las voces que me impresionó. Recuerdo bien un disco de él y otro de Alfredo Kraus que teníamos en casa. Luego aparecieron otros cantantes, pero esas dos grabaciones me impresionaron mucho.  También me impresionó una cosa en especial: saber que Alfredo Sadel cantaba ópera, pero la ópera que cantaba eran las canciones que cantaban en mi casa. Eso fue algo que a mí me impactó, porque la voz era una voz lírica. Eso era algo muy de avanzada. Hoy en día convivimos con eso con naturalidad, pero en aquella época era un reto; esos artistas que utilizaban el canto para otro tipo de música. Ya vemos con normalidad, por ejemplo, que Tomatito toque el Concierto de Aranjuez, pero eso no era común antes. Había muchos prejuicios que separan la música académica de la popular.

—Para un cantante lírico, que además lleva tiempo viviendo fuera de su país, ¿qué representa la música venezolana en su cotidianidad?

_26A6451.JPG

—La música venezolana es una conexión que tengo con mis raíces. Intento, en la medida de lo posible, estar ligado a ella. Obviamente, yo trabajo con música de muchos otros países, pero eso lo único que hace es reafirmarme en lo que soy. Cuando abordo música de otras latitudes siempre descubro que en ella están gérmenes, semillas, células de mi propia música. Me hace sentir que nosotros formamos parte de toda esa cosmogonía universal de la música y que tenemos mucho de todo lo que ocurre allí, sobre todo en Europa. Además de eso, estamos mezclados con nuestra africanidad y nuestra herencia indígena, y eso nos hace inmensamente ricos culturalmente. Soy un defensor de esa herencia y creo que deberíamos sentirnos muy orgullo de la música venezolana. En casa siempre estoy tocando cuatro para las niñas, cantando cancioncitas, y cuando viajo, en mi tiempo libre, siempre estoy pensando en cómo nuestra complejidad musical viene de cosas que quizá en la música centro-europea eran gérmenes sencillos que se fueron complicando hasta transformarse en lo que hoy conocemos como nuestro folclore y nuestra música popular. Vivimos un momento muy importante en el que es fundamental estar cerca de nuestras raíces porque son ellas las que nos van a salvar, y creo que fortaleciéndolas en nuestra actividad y en lo que hacemos, podremos partir con buen pie en la construcción de esa Venezuela que soñamos.

—De este viaje a Venezuela, habiendo cantado en el festival La Venezuela de Sadel, ¿qué te llevas?

_26A6669.JPG

—Hacerle el homenaje a Sadel ha sido muy emocionante y, obviamente, una gran responsabilidad. Es una figura icónica. Es un enorme venezolano. Un monumento en nuestra memoria. Me queda la emoción de haberlo hecho y de ver que la gente lo recordó y lo disfrutó a través de lo que nosotros hicimos musicalmente. Creo que es muy importante hacer este tipo de homenajes. Nosotros tenemos que recordar lo que hacían los venezolanos insignes en su tiempo y pensar lo que debemos hacer nosotros en el nuestro. Sadel fue una persona comprometida con todo lo que era la Venezuela mejor. Fue una persona comprometida consigo misma para ser mejor: mejor músico, mejor cantante, mejor persona. Creo que es una premisa que nosotros debemos tener como personas y como ciudadanos, que es algo muy importante porque ser mejores artistas o mejores personas tiene que ver con el aspecto individual, pero ser mejor ciudadano es parte de una conciencia colectiva. Si nosotros no entendemos, respetamos y compartimos el espacio de nuestros semejantes, no nos vamos a desarrollarnos nunca como sociedad, como país, como nación. Eso es fundamente y muy necesario en este momento que vivimos, donde la corrupción y la intencionada destrucción de nuestros principios morales, nos ha llevado a convertirnos en unos sobrevivientes.

—¿Cuáles son tus retos en el futuro como cantante y qué planes tienes a largo plazo?

—El reto es continuar con mi carrera y llegar a los 60. En esta década que ahora enfrento, tengo que plantearme lo que voy a hacer luego. Tengo muchos planes, muchas ideas: trabajar en dirección escénica y en dirección orquestal, iniciar proyectos educativos más formales e intensos y crear un proyecto de terapia musical. Otra de las cosas que quisiera es recuperar el vínculo con las instituciones culturales en Venezuela. Sé que ahora es difícil y que vamos a estar durante unos años (esperemos que no tantos) en una situación caótica y desfavorable, en vista de que soy abiertamente opositor al régimen que vivimos. Quisiera apoyar en la unificación de teatros del país para lograr una programación conjunta que active la vida cultural de esas ciudades. Quisiera formar parte del equipo que se encargue de rescatar el Teresa Carreño y que lo vuelva a ubicar entre los teatros más importantes del mundo.

Karen Palacios, la clarinetista venezolana a la espera de su excarcelación

karen-palacios.jpg

Karen Palacios (venezolana, 25 años) es estudiante del Instituto Pedagógico de Caracas y clarinetista. Desarrolló su carrera musical desde los 11 años en el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. Era integrante de la Filarmónica Nacional, pero su contrato fue cancelado por expresar una postura contraria al gobierno de Nicolás Maduro. El pasado 1 de junio, funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) la detuvieron por denunciar las razones de su despido en las redes sociales, y desde entonces ha estado recluida, pese a una boleta de excarcelación fechada el 18 de junio.

Un familiar que prefirió no ser identificado explicó al portal El Pitazo que la artista recibió amenazas tras ser entrevistada en el programa de Chuo Torrealba y en El Nacional. “Comenzaron a tomar tuits hechos por Karen en el marco de las protestas, donde expresaba su enojo por lo que pasaba y el abuso de los cuerpos de seguridad y la acusaba de instigar a la violencia”.

El 1 de junio, los funcionarios de la Dgcim llegaron a la residenciad e la joven, en Carrizal (Miranda), haciéndose pasar por profesores de la orquesta que la llevarían al Centro de Atención a la Víctima, ubicado en el Palacio de Miraflores. La madre de la joven, Yudith Pérez, la acompañó. Una vez en el vehículo, fue notificada que iría detenida a la sede del Dgcim en Boleíta “para averiguaciones”.

El grupo de abogados que conforman al Foro Penal Venezolano asumieron el caso hace pocos días, quienes confirmaron que la joven clarinetista había estado en la sede de la Dgcim. Aunque Palacios tenía orden de excarcelación desde el 18 de junio, fue trasladada a una celda de alta peligrosidad en el Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF), ubicado en Los Teques.

De Sadel a Machado: una sola nostalgia

Por Adriana Herrera
Fotografías: Nicola Rocco

 

En el camerino de Aquiles Machado, alguien dejó un vaso anaranjado de plástico. Tiene hielo, y como se ha ido derritiendo, el agua se resbala por el mueble blanco y cae en gotas pequeñas al suelo. Al lado, espera una lata de Coca Cola abierta y casi por la mitad. Es una de las cuatro que Aquiles pidió con antelación. En un rincón de ese cuarto, detrás de la sala de conciertos del Centro Cultural BOD, hay un maletín pequeño. En una de las paredes cuelgan dos chaquetas negras, un chaleco y una camisa manga larga, negra también. Después del ensayo general, Aquiles se cambia de ropa en menos de dos minutos. Se lava la cara  e intenta secarla con dos servilletas blancas y pequeñas que se desmoronan con la humedad y todos los rastros del papel se le adhieren al chaleco, a la barba, a las manos. Se mira en el espejo. Cree que el chaleco le queda pequeño, pero ya da igual. En veinte minutos saldrá al escenario para homenajear a Alfredo Sadel, uno de los tenores más importantes de Venezuela, ese que está alojado en nuestra memoria colectiva. Nombre que resuena, como su voz. Aquiles Machado lo sabe y por eso está nervioso. La risa le sale fácil y temblorosa, pero el verbo no se le atraganta. “Es una gran responsabilidad cantarle a Sadel, que es una de mis más grandes referencias en la música y en mis emociones”.

_26A6099.JPG

Así estaba dispuesto que pasara: ese viernes en la tarde, Aquiles Machado, barquisimetano y hoy en día, el tenor venezolano con más proyección internacional, estaría en Caracas para cantarle a Alfredo Sadel. Era el plato fuerte de un programa que armó Guataca para recordarlo a 30 años de su muerte y que llamaron “La Venezuela de Sadel”. Las entradas se agotaron muy rápido y tuvieron que abrir la sala un poco más temprano de lo habitual, para asegurarse que todos se sentaran en la silla correcta y a tiempo. Dentro de ese público estaba quien fuese la esposa de Sadel y también su hijo, Alfredo, quien abrió el espectáculo con palabras emocionadas que hicieron clic en la audiencia desde el mismo instante que entendieron que ese que estaba ahí era el hijo de la voz que tanto añoraban. Pero todo eso pasó después. Veinte minutos antes Aquiles Machado quitaba restos de servilleta blanca sobre su chaleco negro y ajustado.

 “Elegir este repertorio, era como tratar de elegir las tres hojas más bonitas de un araguaney. Son canciones que me llenan como músico, como persona cercana a Sadel y creo que la gente se va a emocionar, aunque algunos de sus temas favoritos hayan quedado por fuera”. Lo dice y en ese instante, el otro Aquiles, el Báez, entra al camerino con un vaso pequeño con café y se lo ofrece, no sin reírse con complicidad después de un “na´guará” bien dicho. Los dos Aquiles habían estado ensayando y con ellos estaba otro Aquiles, pero Hernández, en el violín; Carlos Rodríguez en el bajo; Carlos “Nené” Quintero en la percusión y Soledad Bravo que se luciría en cuatro temas: Júrame, Ojos Malignos -como un guiño-, Desesperanza y El Cumaco. Soledad como el aplauso certero, la voz que también sabe cómo retumbar en el escenario.

Todo eso lo ensayaron antes del café, mientras alguien iba a comprar las Coca Cola que Aquiles había pedido. No conseguían el tono de uno de los temas y las voces se perdían para luego encontrarse con perfecta lucidez ante el público. En ese ensayo también pasó que cuando Soledad acudió a tiempo al llamado de maquillaje, Aquiles Machado, se acercó a los músicos y puso su voz sobre las notas de Nostalgia, un tango que estaba previsto para cerrar el show, pero que se coló antes en el repertorio aunque nadie se haya dado cuenta. Ensayó Nostalgia sin micrófono, porque podía parecer una redundancia ante su voz. El violín y el bajo debían entrar con agresividad y luego volverse sutiles, armónicos. Así se ensayó y cuando tocó interpretarlo, muchos de los presentes se pusieron de pie para aplaudirlos.

 Aquiles Machado voló desde Moscú para estar a tiempo en esa tarde caraqueña. Lo hizo sin premura, aunque con la agenda apretada. Pero así asistió a entrevistas en la radio, abrazó a afectos. “Esto va contigo a donde sea que vayas, independientemente del género en el que te desenvuelvas. La música venezolana siempre va conmigo. Viajar, montarme en otros escenarios, interpretar otras cosas, me acerca a otras culturas, te hace entender con mucha más amplitud lo que te rodea, pero mi venezolanidad va conmigo. Siempre es bueno volver”.

_26A6402.JPG
_26A6766.JPG

 

Alfredo Sadel era tenor y un gran intérprete del bolero. Su romanticismo traspasó todas las fronteras posibles. Su música cobró otro matiz y por eso es una gran referencia para Machado. “Era raro en la época de Sadel que alguien cantara boleros y ópera. Eso era rarísimo y él sabía muy bien cómo ir de una a otra sin perder su esencia. Ahora es un poco más flexible, es lo que yo hago, paso de un género a otro sin perderme en lo que soy”. Y es cierto, lo tiene tan claro que por esa misma razón es que llenó un espacio de 800 plazas a principios de este año, con un repertorio de música latinoamericana que arrancó aplausos y cuyos fondos fueron destinados a tres fundaciones de Carora, en el estado Lara, su terruño. “Todo eso me llena como músico. La ópera, la música académica, la popular venezolana, este repertorio de Sadel. Todo me construye”.

Cuando las luces de la sala se apagaron y todas las sillas estaban llenas y Alfredo Sánchez salió a hablar de su padre, del homenaje, de ese acto hermoso que es insistir a través de la música y presentó a Machado, Aquiles salió detrás de la cortina negra tapándose la cara con sus dos manos. Fue su rubor agradecido. Y apenas interpretó los primeros versos de Cerca de ti, el público no lo dejó terminar e irrumpió en aplausos. Comenzar así era como ya estar en la cumbre y estar allí arriba de deja sin aire, te llena de emoción. Entonces, Aquiles supo que no había otro esquema posible: que estuvo bien haber volado desde Moscú para dejar esas estrofas regadas en Caracas, para hablar de Sadel y ser, como dijo casi al final del espectáculo: “Un hombre como Sadel, que representaba todo lo que un venezolano íntegro debe ser”.

_26A6218.JPG

 Lo que pasó en ese show de casi dos horas fue un cúmulo de sonidos nostálgicos que se mezclaban con los propios recuerdos de Aquiles, quien –visiblemente emocionado- de tanto en tanto se perdía en algún abrazo con su tocayo que estaba en la guitarra, poniendo orden a todas las notas. Aquiles, el Machado, se paseó por sus propios recuerdos para darle más contundencia a esos temas que el público estaba esperando. Volvió a retazos de su infancia en Barquisimeto, a las canciones que sonaban en una rocola que terminó en la sala de su casa y de la que salían, oportunamente, algunos temas de Sadel; le hizo la segunda voz a los temas que Soledad Bravo interpretó paseándose con sus colores sobre el escenario; dejó que Alfredo, el hijo de Sadel, cantara las primeras notas de Aquellos ojos verdes y todo fue una emoción que intentaba, en vano, disimular mientras se estiraba ese chaleco negro que creía que le quedaba un poco ajustado. Y al fondo del escenario, siempre, esas fotos de Sadel que lo mostraban joven, guapo, como si su voz fuese a irrumpir en el repertorio de repente para terminar de sellar la noche. Tras cada canción, una anécdota, un recuerdo, un suspiro contenido como el que tuvo justo antes de interpretar Vereda Tropical o No volveré a encontrarte. Aquiles Machado no necesitaba un micrófono para llenar la sala con su voz, pero aún así lo tenía al frente y él ya sabía la distancia precisa para que los boleros o el tango o el vals sonaran como tenían que sonar. Cuando se despidió y el público de pie no dejaba de pedirle otra, se quedó un poco más para poner otra nota nostálgica con Viajera del río. “La que tú querías te la dejaron para final”, se escuchó por ahí y entonces el aplauso se volvió prolongado, nostálgico, agradecido.

 Fueron tantos los abrazos después del show, que Aquiles tardó un poco más de lo previsto en descolgar la chaqueta que había dejado en el camerino y en quitarse, por fin, el chaleco negro. El vaso anaranjado seguía allí, con un poco de agua. El cantante tomó algunos sorbos. La sonrisa era amplia, con todas las notas y en el ambiente flotó la idea de repetir el espectáculo, al que hay que buscarle una fecha. Había que homenajear a Sadel, sí, y con eso Aquiles, el Machado, tuvo la oportunidad precisa de reencontrarse con su música y llevársela, de nuevo, en su maleta. Hasta la próxima vez.

_26A6671.JPG

Henry Martínez y Alejandro Zavala presentan un concierto "A cuatro manos"

henry-martinez-alejandro-zavala.jpg

El 14 de julio, a las 11:30 a.m., el Centro Cultural BOD presenta A Cuatro Manos, propuesta que une al maestro Henry Martínez y al cantautor Alejandro Zavala en un concierto íntimo en el que el público disfrutará de un repertorio único, con temas icónicos de estos artistas.

A tu regreso, Oriente es otro color, Tiempo de esperanza, Sentida canción, Cuando me dejes, La negra Atilia, La muerte del animal, Venme a buscar o Criollísima, son algunas de las composiciones de Henry Martínez que han sido interpretadas por grandes figuras nacionales e internacionales como Simón Díaz, Pablo Milanés, Martirio, Marc Anthony, Morella Muñoz, Lilia Vera, Soledad Bravo, Gualberto Ibarreto, Francisco Pacheco, Jerry Rivera, Cecilia Todd, María Teresa Chacín, Serenata Guayanesa, Ensamble Gurrufío, Aquiles Báez y la Orquesta Filarmónica de Londres, entre otros.

En esta presentación, el respetado maestro de la música y médico nacido en Maracay, conjuga su vasta experiencia y reconocida trayectoria con Alejandro Zavala, cantante, compositor, arreglista, coach vocal y músico caraqueño cuyo repertorio se pasea entre el cancionero tradicional venezolano y la música popular latinoamericana, tal como se desprende sus tres trabajos discográficos: Origen (2009), Primavera para mayo (2011) y Colores tierra (2014).

Creador de la Escuela Contemporánea de la Voz, Zavala se inicia profesionalmente en la década de los 90 al fundar la banda 1492, dedicada a la fusión de ritmos venezolanos. Desde 2002 hasta 2005, trabajó como investigador en Fundef, actual Centro de la Diversidad Cultural. En el año 2004, participó en el Festival Internacional de la canción de Viña del Mar, como parte del ensamble vocal dirigido por César Muñoz.

A Cuatro Manos marca el inicio de A DOS, ciclo producido por el Centro Cultural BOD dentro del espacio Domingos en la Experimental, para proyectar el trabajo a dúo de distintos artistas que hacen vida en el país.

Así, el próximo 21 de julio toca el turno a Solsticio, que une a Luisana Pérez y Ariana Pérez; el viernes 26, a las 7:00 p.m., llega Tiempo de Boleros, con la intérprete Corina Peña el cantante y guitarrista Josué Hernández, cerrando el ciclo el domingo 28 de julio con la actuación de Daniel Requena y Williams Mora.

Así fue el concierto "Aquiles Machado y Sadel: los tenores favoritos de Venezuela"

_26A6186.JPG

El pasado 5 de julio en el Centro Cultural BOD, Guataca sirvió el plato fuerte del festival La Venezuela de Sadel, con la presentación del espectáculo Aquiles Machado y Sadel: los tenores favoritos de Venezuela, donde Machado interpretó una importante selección de las piezas más icónicas de Alfredo Sadel, en compañía de Aquiles Báez (guitarra y dirección musical), Nené Quintero (percusión), Carlitos Rodríguez (bajo), Aquiles Hernández (violín) y la actuación especial de Soledad Bravo.

Se abren las postulaciones para el Festival Nuevas Bandas 2019

festival-nuevas-bandas.jpg

La Fundación Nuevas Bandas, Provea y Movistar, en alianza con La Mega, Maqueta Uno y Cusica, anunciaron que del 8 al 31 de julio de 2019 estará abierto el proceso de inscripción para el Festival Nuevas Bandas 2019 a través del site www.cusica.com, por segundo año consecutivo.

Las agrupaciones interesadas en participar en la edición de este año deberán ingresar sus datos en www.cusica.com/nuevasbandas, donde además encontrarán todos los requisitos y condiciones para ser aceptados en el proceso de inscripción.

Una vez cerrado el tiempo de postulación, se elegirán a las bandas que participarán en los Circuitos Nuevas Bandas 2019, a llevarse a cabo en gran parte del territorio nacional entre agosto y octubre, dando así forma al cartel del Festival Nuevas Bandas 2019.

Tras ser vitrina de las bandas más representativas del pop-rock local de los últimos años, entre las que se encuentran Caramelos de Cianuro, Los Amigos Invisibles, Los Mentas, Candy66, Tomates Fritos, Viniloversus, La Vida Bohème, Los Mesoneros, Okills, Rawayana, Charliepapa, Le’Cinema, o más recientemente, Anakena, este festival se prepara para celebrar su nueva edición recordando los 30 años de Encuentro en el Ruedo, legendario concierto donde participaron Sentimiento Muerto, Desorden Público y Zapato3, que consolidó a la terna de bandas locales y sentó las bases de lo que posteriormente se convirtió en el Festival Nuevas Bandas.