Homenaje a Simón Díaz: Un ritual venezolano vía streaming



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Por Gerardo Guarache Ocque

Fotos: Dabeth Gamallier

Como la música de Simón Díaz, que trasciende fronteras, la venezolanidad brota desde cualquier lugar. Esta tarde, sin importar la ubicación geográfica, ni la hora local o el clima, cientos de entusiastas hacen presencia virtual en Jazzatlán Capital, un bar de la colonia Roma de Ciudad de México, que a su vez, no sólo se vuelve el escenario de Guataca Nights México, sino que se convierte durante una hora en una abstracción del mapa venezolano, con su llano, su gracia, sus relieves y su historia.

Una presentación rimada de Bettsimar Díaz, hija del maestro, sirve de prólogo a la transmisión. A la izquierda de la escena, con su chelo y junto a una pared de ladrillos, el director musical Raúl Aquiles Delgado hace el conteo. Robert Coronel, en el centro, frente una sala prácticamente vacía pero repleta —casi 1.000 personas se registraron para disfrutar del show—, dibuja el llano bajo la luz del alba con su voz: Lucero de la mañana, préstame tu claridad. Mi querencia, un tema ideal para iniciar cualquier recorrido por el catálogo de Simón, es la primera. A la derecha de la pantalla, Daniel García marca el ritmo con su cuatro. La velada comienza.


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“En medio de estas circunstancias —dice Raúl Aquiles Delgado— quisimos regalarles este concierto a los venezolanos dentro y fuera del país, a todos los melómanos y a todos los amantes de la música venezolana”.

¿Por qué Simón Díaz? Porque, como él lo dice, es “el más universal de nuestros compositores”. Homenajearlo es abrazar la raíz, regodearnos en eso que nos es propio y común. Es permitir que Simón siga cantando a partir de muchas voces, voces como la de Tabaire Díaz, que toma el lugar de Coronel para la segunda, otra obligada del repertorio: El alcaraván. Y allí Delgado cambia el chelo por el cuatro porque García, en esa, toca la bandola.  

Aunque crecieron rodeados de música tradicional venezolana, Raúl Aquiles Delgado, hijo de Raúl Delgado Estévez (El Cuarteto), es director orquesta y chelista, vive en el universo académico y sinfónico; y Daniel García, hijo de Lilia Vera, es oboísta y, además, guitarrista de rock. Robert Coronel, por su lado, es un amante de la música romántica, más imbuido en el pop. De los cuatro involucrados, Tabaire es la que más practica lo tradicional. Pero todos confluyen en las hermosas tonadas de Simón, como Sabana; y también como Mercedes, la pobre Mercedes que siempre está peligrando a orillas del río, y que cubre el Jazzatlán Capital con los colores y la vastedad del llano.

“Simón supo, en sus letras, expresar lo cotidiano y lo llanero, y nos llegó directo al corazón”, dice Tabaire Díaz. La cantante cuenta que en todos sus conciertos incluye algún tema de aquel artista que nació el 8 del agosto de 1928 en Barbacoas, estado Aragua. Y relata el trasfondo del siguiente número, uno que interpreta con especial sentimiento. Es una canción menos conocida del cancionero, titulada Como pequeña gota de rocío, que él le regaló a su amiga María Teresa Chacín una vez que se enteró, felizmente, de que estaba embarazada. 

El chelo de Raúl Aquiles Delgado reviste de cierta elegancia y, a la vez, con un barniz melancólico, piezas como la Tonada de luna llena, una de las más frecuentadas internacionalmente, por grandes como el brasileño Caetano Veloso o la mexicana Natalia Lafourcade. Tabaire canta y mira la luna, se va con la canción, viaja lejos del escenario, de la pantalla, y nos lleva con ella.

A partir de allí comienza un ping pong entre Coronel y Tabaire Díaz. Él canta Cristal y ella le responde con El becerrito. Él vuelve sin abrigo y con su sombrero para cantar Barbacoas y ella riposta con El negro y el catire. Y así, a ritmo de merengue caraqueño, acaban el toma y dame y llegan a juntarse en la cumbre, la 11º del setlist, la canción venezolana más versionada de la historia, Caballo viejo. Es la que baja el telón de la tercera cita —la primera vía streaming— convocada por la plataforma Guataca Nights México, que sigue sembrando la música venezolana en tierra mexicana, aún en las particulares circunstancias del presente. 

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