HING: La mandolina autosuficiente de Jorge Torres


El mandolinista Jorge Torres en concierto

Un desafío rondaba por la mente de Jorge Torres desde hace mucho. Mientras editaba sus primeros dos álbumes, trabajaba en otras propuestas, viajaba, aprendía y entrenaba sus dedos, un disco se construía. La pandemia, que complicó su vida y la de todos, supuso además la excusa perfecta para aislarse a cumplir la tarea y terminar su ansiado primer LP para mandolina solista. Ahora HING (2022), el Everest que Jorge estuvo escalando por una década, está allí, en plataformas digitales, para que el resto del mundo lo escuche.

El rol habitual de la mandolina es cantar melodías, o acaso armonizar, colorear, matizar. Históricamente, ella no ha sabido ir sino de la mano de otro. No se halla sola porque sus partes suelen escribirse contando con una base que viene de, por ejemplo, un piano, una guitarra, un cuatro, un bajo, alguna percusión o todo eso junto. Despojarla de ese contexto es dejarla como un morrocoy sin caparazón. He ahí el reto.   

En su vida como músico, en viajes y ocasiones, Jorge ha desarrollado patrones que no existían. Le ha tocado presentarse solo y resolver. Le ha tocado acompañar, únicamente con su mandolina, a la cantante Andrea Paola, su compañera de aventuras. Y esas obligaciones han potenciado las habilidades del virtuoso instrumentista caraqueño. Su planteamiento es más guitarrístico porque no sólo se compromete con la melodía, sino que cubre sus espaldas en cuanto a ritmo y armonías. En algunos tracks del álbum pareciera un ensamble, pero no; es Jorge multiplicándose.

HING debe su título a la vez que fue becado por OneBeat para vivir una de esas experiencias que organiza la fundación estadounidense juntando jóvenes talentosos de todo el mundo, una dinámica en la que Venezuela ha estado representada por gente como su gran amigo y cuatrista Edward Ramírez (C4 Trío) y la bandolista Mafer Rodríguez. En 2019, Torres recorrió el Pacífico colombiano acompañado por un grupo de colegas, entre ellos una artista armenia llamada Tatev, cuya música lo cautivó a tal punto que escribió una canción inspirado en su arte. La llamó “Hing”, que significa ‘cinco’ en armenio, lo cual calzó perfecto en su compás de 5/4 y su idea de un álbum concebido únicamente a partir de su mandolina de cinco órdenes: Do-sol-re-la-mi.

“Bambuco Baquero” también lo escribió en Colombia, país al que lo ata su abuelo materno, Alberto Amézquita, un periodista que además era cantante lírico y que decidió migrar a Venezuela tras una presentación en el Teatro Baralt de Maracaibo por la que le pagaron muy bien. Jorge, en tiempos recientes, logró reconectarse con su gente del país vecino y de ese reencuentro surgió la pieza.

Portada del disco Hing de Jorge Torres

Brasil es un país que siempre lo ha inspirado. Brasileño es su máximo referente, Hamilton De Holanda, de quien tomó eso de sumarle dos cuerdas a la mandolina buscando un sonido más robusto y autosuficiente que puede apreciarse en sus álbumes Estado Neutral (Guataca, 2010) y En la cuerda floja (2018). De Holanda es también uno de los principales exponentes del formato solista en su instrumento, que ha probado en trabajos como Intimo (2007) y Esperança (Ao vivo na Europa, 2013). 

Durante el confinamiento, Jorge se dedicó a hacer cursos de ejecución de bandolim brasileño en la Escola de Música de Brasilia y aprovechó ese impulso para componer canciones como “Hermana”, un choro que le regaló a la directora de la productora Kumaco, Lorena Rodríguez, como un espaldarazo en tiempos difíciles; y “Entre choro e fado”, en la que le incorporó al choro brasileño tradicional ornamentos de la guitarra portuguesa, del fado.  

Antes estuvo en Buenos Aires, donde estudió Composición de Tango con el maestro Diego Schissi. De su estancia porteña, proviene “Proyecto 3133”. 3133 es la dirección del lugar en el que le ofrecieron posada. Él quiso honrar a sus gentiles caseros con una de las canciones que rompen la regla de lo unipersonal; los temas de mandolina sola son 11 de un total de 13. A la obra con aires argentinos le agregó el contrabajo con arco tocado por Carlos Rodríguez y el clarinete de Carmen Borregales.

“La jota afrocandombera” juntó aprendizajes de ambos viajes. Jorge vislumbró algunos rasgos de la jota carupanera, la que conocemos gracias a Gualberto Ibarreto, primero en el ijexá, una variante de la samba brasileña, y después en el candombe, tanto el que se toca en Brasil como el que se conoce en el Río de La Plata, Argentina. De hecho, tomó como punto de partida el tema “Desterrado” de Hugo Fattoruso. Tiene sentido que los ritmos guarden similitudes: Todos vienen de los esclavos africanos que trajeron su cultura a este continente.

A los niños de Mi juguete es canción, el programa educativo y musical en el que trabaja con Andrea Paola y para el que ha participado en la grabación de su disco Para niños de 0 a 100 años (2017), le dedicó la simpática “Pa’ los chamos”, que compuso valiéndose de una curiosidad: un patrón que desarrolló tratando de acompañar los merengues de Juan Luis Guerra. También, a una niña que integra el elenco, a la que él llama “La pequeña Ramona”, le dedicó un merengue tierno, pero no dominicano sino caraqueño. 

HING, que fue presentado en directo en la Sala Cabrujas de Chacao en julio, incluye un dueto a mandolina y flauta con Luis Julio Toro. El maestro, miembro del Ensamble Gurrufío, participa en “Martina”, una pieza concebida para el teatro, que es otro de los ambientes en los que el mandolinista se mueve con soltura. Él también musicalizó un poema de Aquiles Nazoa titulado “Pasa mi padre” como merengue caraqueño, que acabaría incluido en el espectáculo infantil Ponteporonte y en su propio LP.   

“En el más allá”, la más solemne y academicista del repertorio, es una suerte de réquiem por las muertes del sonidista Rafael Rondón y del percusionista y cultor Willie Mayo. “El polvorín”, dedicada al barrio vecino a su residencia en Caracas, es un vals/joropo basado en la “Made in France” de los guitarristas Biréli Lagrène y Sylvain Luc. Y “Después de un tiempo” es un experimento de Jorge, grabado con una mandolina de ocho cuerdas con una afinación totalmente diferente, con un sonido brillante que cierra el primer álbum de mandolinista solista hecho en Venezuela.


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