Aquiles Machado

Aquiles Machado volverá a homenajear a Sadel

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El tenor Aquiles Machado, quien viajó a Venezuela en julio para rendirle homenaje a Alfredo Sadel a 30 años de su muerte en un festival organizado por Guataca, volverá a cantar los temas de uno de sus ídolos este sábado 28 de septiembre a las 6:00 pm en la Concha Acústica de Bello Monte.

“Trataremos de que sea un espectáculo interactivo, en el que la gente pueda participar y hablar”, comentó el cantante acerca del show dirigido por el maestro Aquiles Báez y organizado por la Alcaldía de Baruta, en el que participarán las sopranos Violeta Alemán y Mariana Ortiz, con quien Machado compartió escenario recientemente en la Ópera Gala Caracas.

En julio, en vísperas del festival organizado por Guataca, Machado manifestó su profunda admiración por Sadel y su versatilidad musical: “Cuando estaba en la cúspide de su carrera como cantante popular, decidió abordar y estudiar nuevas cosas. Entrenarse en una cosa que él pensaba que también tenía que hacer, y lo hizo hasta el final y hasta las últimas consecuencias. Eso es algo que nos enseña y que nos habla mucho del tipo de persona que era Alfredo Sadel y que además nos hace entender por qué nosotros hoy tenemos que estar rindiéndole un homenaje. Son ese tipo de personas las que nos enseñan qué tipo de venezolanos tenemos que ser”.

Aquiles Machado pertenece a una élite operística mundial. En su carrera ha interpretado papeles protagónicos en la Ópera de Roma y las de Washington, Los Ángeles y Zurich, en el Teatro San Carlo de Nápoles y en el Gran Teatre de Liceu de Barcelona, así como en el Teatro Real de Madrid y el de la Zarzuela de la misma ciudad. También ha cantado en la Deutsche Oper de Berlín, el Metropolitan Opera House de Nueva York, el Teatro alla Scala de Milán y el Teatro Bolshoi de Moscú. Con Guataca ha grabado dos producciones discográficas de música popular venezolana, junto al maestro Aquiles Báez, que se han convertido en joyas: La canción de Venezuela I y II.

Aquiles Machado vuelve a Venezuela para la Ópera Gala Caracas

Aquiles Machado en el homenaje a Alfredo Sadel. Foto: Archivo Guataca

Aquiles Machado en el homenaje a Alfredo Sadel. Foto: Archivo Guataca

Por Eudomar Chacón

El tenor Aquiles Machado, quien viajó a Venezuela en julio para conmemorar los 30 años de la muerte de Alfredo Sadel en un festival organizado por Guataca, vuelve al país para presentarse en la Ópera Gala Caracas, espectáculo que se presentará del 13 al 15 de septiembre en el Centro Cultural Chacao.

El cantante, residenciado en Madrid, compartirá escenario con la soprano Mariana Ortiz, la mezzosoprano Marilyn Viloria y el barítono Gaspar Colón. Sus voces hilarán emblemáticas piezas de la ópera, como Una furtiva lagrima (L’elisir d’amore), O mio babbino caro (Gianni Schicchi), Una voce poco fa (Il barbiere di Siviglia), La donna è mobile (Rigoletto), Casta Diva (Norma) y Nessun dorma (Turandot), acompañados por la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y el Coro Simón Bolívar, dirigidos por Andrés David Ascanio Abreu.

Carlos Scoffio es el autor de la historia que conecta los episodios musicales. Giuseppe (Juan Carlos Gardié) es un italiano que narra su amorío con María, la mujer a la que desea traer pronto a Venezuela. Tania Sarabia también estará en escena interpretando a la Señora Tania, una amante de la ópera que se ríe de los cuentos de su amigo.

“Yo no quería hacer un concierto de ópera común, en el que los cantantes llegan, cantan y se van. Por eso quise concatenar las piezas con una historia de amor”, explica Scoffio, quien creó la Ópera Gala Caracas como un homenaje a sus padres, ambos italianos que migraron a Venezuela en los años 50 con la esperanza de construir una vida alejada del sufrimiento que embargaba a su patria. Al norte del sur de América hallaron una tierra que los adoptó como a tantos extranjeros que también trajeron su cultura: “La ópera para mí era el diarismo de la casa — reflexiona—. Mi papá siempre escuchaba discos de ópera, por lo que no es un género que me resultó extraño jamás”.

El montaje escenográfico, sobre el que se representará un viaje emocional con escalas en la alegría, el amor, la pasión, la tragedia y la nostalgia, procura llevar al público a los grandes teatros neoclásicos de Italia, el paraíso del bel canto.

Scoffio empezó a escribir el guión en 2014. Luego lo engavetó esperando que todas las piezas engranaran: “Reunir a estos cantantes es muy difícil, porque son personas que hacen agenda con dos años de anticipación. Para mí es muy emocionante tener a estos grandes en un mismo escenario”.

Aquiles Machado pertenece a una élite operística mundial. En su carrera ha interpretado papeles protagónicos en la Ópera de Roma y las de Washington, Los Ángeles y Zurich, en el Teatro San Carlo de Nápoles y en el Gran Teatre de Liceu de Barcelona, así como en el Teatro Real de Madrid y el de la Zarzuela de la misma ciudad. También ha cantado en la Deutsche Oper de Berlín, el Metropolitan Opera House de Nueva York, el Teatro alla Scala de Milán y el Teatro Bolshoi de Moscú. Con Guataca ha grabado dos producciones discográficas de música popular venezolana, junto al maestro Aquiles Báez, que se han convertido en joyas: La canción de Venezuela I y II.

El puente que tendió Madrid hacia una tierra añorada

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Por: Linda D’Ambrosio

Fotos: Oscar Ribas y Carlos Hernández

El viernes 19 de julio 2019 el Café Berlín de Madrid fue el escenario de Venezolada Ole Estar, un encuentro en el que cinco de los más talentosos músicos venezolanos dispersos por el mundo se dieron cita para interpretar los temas del reconocido compositor Omar Acosta, quien también estuvo en escena, a cargo del instrumento cuya ejecución lo ha hecho famoso internacionalmente: la flauta.

 El flautista y compositor venezolano, Omar Acosta, acompañado por el violinista  Alexis Cardenas,el cuatrista Miguel Siso (ganador de un Grammy) ,el contrabajista Leo Rondon,el pianista Jhonny Kotock,el percusionista Carlos Franco y la actuación del tenor venezolano Aquiles Machado, se presentaron en la mítica sala Cafe Berlin,en Madrid, en un concierto interpretando música venezolana en arreglos y composiciones de Acosta, en clave de jazz. Los músicos se presentaron en dos sesiones y el publico hizo cola en la entrada para adquirir los boletos.El flautista y compositor venezolano, Omar Acosta, acompañado por el violinista  Alexis Cardenas,el cuatrista Miguel Siso (ganador de un Grammy) ,el contrabajista Leo Rondon,el pianista Jhonny Kotock,el percusionista Carlos Franco y la actuación del tenor venezolano Aquiles Machado, se presentaron en la mítica sala Cafe Berlin,en Madrid, en el concierto Venezolada Ole Estar,interpretando música venezolana en arreglos y composiciones de Acosta, en clave de jazz. Los músicos se presentaron en dos sesiones y el publico hizo cola en la entrada para adquirir los boletos.

Quienes asistieron al espectáculo efectuaron un extraordinario recorrido por el panorama musical venezolano, en el que pudo reconocerse guiños a los temas de conocidas piezas tradicionales salpicados aquí y allá, aderezados con elementos del flamenco, del jazz y hasta de la música de la India.

El resultado de congregar semejantes luminarias en un mismo concierto no podía ser menos que deslumbrante. El maestro Leo Rondón asumió el contrabajo, cediendo su rol habitual como intérprete del cuatro a Miguel Siso, recientemente galardonado con un Latin Grammy. El público contuvo el aliento ante la sublime ejecución de Alexis Cárdenas, en particular cuando entonó los primeros compases de Mi querencia, con su voz dulce y bien modulada, y la ya natural compenetración entre Carlos Franco y Omar Acosta, tras 21 años de tocar juntos, constituyó el componente que terminó de estructurar el maravilloso espectáculo.

Capítulo aparte merece la ejecución de Johnny Kotock, quien se perfila como figura de referencia en el piano.

 El flautista y compositor venezolano, Omar Acosta, acompañado por el violinista  Alexis Cardenas,el cuatrista Miguel Siso (ganador de un Grammy) ,el contrabajista Leo Rondon,el pianista Jhonny Kotock,el percusionista Carlos Franco y la actuación del tenor venezolano Aquiles Machado, se presentaron en la mítica sala Cafe Berlin,en Madrid, en un concierto interpretando música venezolana en arreglos y composiciones de Acosta, en clave de jazz. Los músicos se presentaron en dos sesiones y el publico hizo cola en la entrada para adquirir los boletos.El flautista y compositor venezolano, Omar Acosta, acompañado por el violinista  Alexis Cardenas,el cuatrista Miguel Siso (ganador de un Grammy) ,el contrabajista Leo Rondon,el pianista Jhonny Kotock,el percusionista Carlos Franco y la actuación del tenor venezolano Aquiles Machado, se presentaron en la mítica sala Cafe Berlin,en Madrid, en el concierto Venezolada Ole Estar,interpretando música venezolana en arreglos y composiciones de Acosta, en clave de jazz. Los músicos se presentaron en dos sesiones y el publico hizo cola en la entrada para adquirir los boletos.

Aquiles Machado interpretó las piezas que constituían el núcleo central del programa: una suite inspirada en las canciones infantiles tradicionales Niño lindo, Con real y medio y Canta Tigüitigüito, y tres extraordinarios merengues que el público terminó coreando. Pero además hizo las delicias de la concurrencia con sus jocosos comentarios acerca de las obras y hasta del propio Omar Acosta, deslizando solapadamente alusiones al nivel de dificultad que revestía la interpretación de sus arreglos.

Junto a los temas originales del flautista, entre los que el público aplaudió El Cucarachero y el Vals de Lucía, formaron parte del programa otras conocidas piezas, versionadas con arreglos del compositor, como el Alma Llanera. En algunos casos se trataba de la musicalización de textos de autores venezolanos, como en el caso de El Último Pandehornero, del poeta Aquiles Nazoa. Cerró el programa un fantástico Calipso que evocaba la figura de la negra Isidora.

El buen humor y las emociones estuvieron presentes a lo largo de toda la velada en la que, además de generarse una experiencia musical inolvidable, se tendió un puente hasta esa tierra añorada y distante, pero siempre presente, que es Venezuela.

Aquiles Machado: “Sadel es un monumento en nuestra memoria”

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Por Gerardo Guarache Ocque

Fotografías: Nicola Rocco

Aquiles Machado visitó su tierra expresamente para rendirle homenaje a uno de sus ídolos a 30 años de su muerte. Quienes asistieron el viernes 5 de julio, en fecha patria, a celebrar la vida y obra de Alfredo Sadel a través de su voz, experimentaron emociones muy complejas. El recital se enmarca en un festival con varias capas de significación. Una cita que celebra el talento y la gracia, pero que, de igual forma, realza la venezolanidad en tiempos de oscuridad.

Frente a una repleta sala de conciertos del BOD de La Castellana, Machado recorrió joyas como “Aquellos ojos verdes”, “Escríbeme”, “Desesperanza” y “Vereda tropical”, cantó con Soledad Bravo y hasta invitó al escenario a Alfredo Sánchez, presentador de la noche e hijo del personaje homenajeado. Además, ofreció un discurso que sirve como declaración de principios. He aquí un fragmento: 

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“Alfredo Sadel jamás se negó a enfrentarse a una dificultad. Cuando estaba en la cúspide de su carrera como cantante popular, decidió abordar y estudiar nuevas cosas. Entrenarse en una cosa que él pensaba que también tenía que hacer, y lo hizo hasta el final y hasta las últimas consecuencias. Eso es algo que nos enseña y que nos habla mucho del tipo de persona que era Alfredo Sadel y que además nos hace entender porqué nosotros hoy tenemos que estar rindiéndole un homenaje. Son ese tipo de personas las que nos enseñan qué tipo de venezolanos tenemos que ser”.

Machado (Barquisimeto, 1973) acababa de culminar una temporada de Carmen en el Teatro Bolshoi de Moscú, un hito que se suma a su historia de éxitos en el universo operístico, donde ha interpretado papeles protagónicos en el Teatro Real de Madrid y el de la Zarzuela, la Ópera de Roma y las de Washington, Los Ángeles y Zurich; el Teatro San Carlos de Nápoles y en el Gran Teatre de Liceu de Barcelona. Y también, en la Deutsche Oper de Berlín, el Metropolitan Opera House de Nueva York y el Teatro alla Scala de Milán.

Venezuela está siempre en el pensamiento del cantante. En un baúl muy preciado, guarda su romance con la música de su país, que ha dado como fruto dos volúmenes antológicos de La canción de Venezuela, producciones de Guataca concebidas por Aquiles Báez, que le permitieron recorrer algunas de las creaciones más logradas del cancionero venezolano. En el futuro, quiere involucrarse en la dirección escénica y orquestal, pero también sueña con unificar los teatros de Venezuela y rescatar el Teresa Carreño. 

—¿Cómo se pasa el switch de lo lírico a lo popular?

—La diferencia entre una cosa y otra está en cómo es el nivel de comunicación. Cuando canto ópera, funciona un entramado que tiene que ver con una historia, un libreto, y allí evidentemente hay un condicionante que es el estilo. Cuando pasas a la música popular también es importantísimo respetar el estilo, pero la palabra pasa a ser dominante. Y generalmente se hace en un formato más íntimo, más cercano al público. El artista se comunica directamente. A mí manera de verlo, creo que nosotros subestimamos nuestra música popular, que es nuestro Schubert, nuestro Brahms, nuestra música camerística-académica. Tenemos esas formas que son equivalentes a muchas otras de música camerística centro-europea. Lo que hago es tratar de entender cuál es la sonoridad de lo que voy a interpretar. Ahí está lo interesante. No se trata de que uno haga menos técnicamente, sino que la aplicación técnica es distinta. La palabra, el fraseo, los sonidos, responden a un tipo de sensibilidad diferente. Al igual que nosotros nos acercamos a la música alemana cuando hacemos música de cámara, procurando entender esa sensibilidad, acá uno intenta lo mismo. La diferencia está en que la sensibilidad inherente a la música venezolana uno la lleva innata.

—¿Cuál es el primer recuerdo de Sadel que registras desde tu infancia?

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—Cuando era niño, escuchaba cantar a mi familia, los amigos de mi papá y mi mamá. En las fiestas siempre había alguien con una guitarra, o alguien que se animaba a cantar a capella, y eso me encantaba. Con el tiempo, como a los 9 años, descubrí que estaban interpretando a un señor muy famoso que se llamaba Alfredo Sadel. Los de Sadel estaba entre una colección enorme de discos que mi papá compró, junto con los de Felipe Pirela, Danny Rivera y de un montón de gente que cantaba boleros y también música folclórica. A mí me produjo mucha curiosidad algo que descubrí. Empecé a entender que Sadel había marcado el oído de la gente: la gente no cantaba las canciones, sino las versiones de Sadel. Me produjo mucha impresión aquello de que la gente quería cantar como él. Él marcó el oído de una generación de venezolanos. En aquella época la sonoridad, sobre todo la del bolero, era única y exclusivamente la sonoridad de Sadel. Aprendimos a cantar con ese fraseo. Oírlo de otra forma me sonaba extraño, y hay cosas que todavía me siguen sonando extraño, a pesar de que son de gente famosísima que canta muy bien. Hoy, cuando voy a estudiármelas, inmediatamente lo que hago es buscar esas versiones de los viejos cantantes, y entre ellos uno de esos pilares es Sadel. Las reviso bien porque ahí está un conocimiento colectivo del que uno no se puede aislar.

—Y más adelante, cuando te encaminaste a ser cantante, ¿qué representaba para ti?

—Cuando quise ser cantante lírico, ya Sadel era cantante lírico. Yo lo conocí primero, viéndolo en televisión, como cantante lírico. Fue una de las voces que me impresionó. Recuerdo bien un disco de él y otro de Alfredo Kraus que teníamos en casa. Luego aparecieron otros cantantes, pero esas dos grabaciones me impresionaron mucho.  También me impresionó una cosa en especial: saber que Alfredo Sadel cantaba ópera, pero la ópera que cantaba eran las canciones que cantaban en mi casa. Eso fue algo que a mí me impactó, porque la voz era una voz lírica. Eso era algo muy de avanzada. Hoy en día convivimos con eso con naturalidad, pero en aquella época era un reto; esos artistas que utilizaban el canto para otro tipo de música. Ya vemos con normalidad, por ejemplo, que Tomatito toque el Concierto de Aranjuez, pero eso no era común antes. Había muchos prejuicios que separan la música académica de la popular.

—Para un cantante lírico, que además lleva tiempo viviendo fuera de su país, ¿qué representa la música venezolana en su cotidianidad?

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—La música venezolana es una conexión que tengo con mis raíces. Intento, en la medida de lo posible, estar ligado a ella. Obviamente, yo trabajo con música de muchos otros países, pero eso lo único que hace es reafirmarme en lo que soy. Cuando abordo música de otras latitudes siempre descubro que en ella están gérmenes, semillas, células de mi propia música. Me hace sentir que nosotros formamos parte de toda esa cosmogonía universal de la música y que tenemos mucho de todo lo que ocurre allí, sobre todo en Europa. Además de eso, estamos mezclados con nuestra africanidad y nuestra herencia indígena, y eso nos hace inmensamente ricos culturalmente. Soy un defensor de esa herencia y creo que deberíamos sentirnos muy orgullo de la música venezolana. En casa siempre estoy tocando cuatro para las niñas, cantando cancioncitas, y cuando viajo, en mi tiempo libre, siempre estoy pensando en cómo nuestra complejidad musical viene de cosas que quizá en la música centro-europea eran gérmenes sencillos que se fueron complicando hasta transformarse en lo que hoy conocemos como nuestro folclore y nuestra música popular. Vivimos un momento muy importante en el que es fundamental estar cerca de nuestras raíces porque son ellas las que nos van a salvar, y creo que fortaleciéndolas en nuestra actividad y en lo que hacemos, podremos partir con buen pie en la construcción de esa Venezuela que soñamos.

—De este viaje a Venezuela, habiendo cantado en el festival La Venezuela de Sadel, ¿qué te llevas?

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—Hacerle el homenaje a Sadel ha sido muy emocionante y, obviamente, una gran responsabilidad. Es una figura icónica. Es un enorme venezolano. Un monumento en nuestra memoria. Me queda la emoción de haberlo hecho y de ver que la gente lo recordó y lo disfrutó a través de lo que nosotros hicimos musicalmente. Creo que es muy importante hacer este tipo de homenajes. Nosotros tenemos que recordar lo que hacían los venezolanos insignes en su tiempo y pensar lo que debemos hacer nosotros en el nuestro. Sadel fue una persona comprometida con todo lo que era la Venezuela mejor. Fue una persona comprometida consigo misma para ser mejor: mejor músico, mejor cantante, mejor persona. Creo que es una premisa que nosotros debemos tener como personas y como ciudadanos, que es algo muy importante porque ser mejores artistas o mejores personas tiene que ver con el aspecto individual, pero ser mejor ciudadano es parte de una conciencia colectiva. Si nosotros no entendemos, respetamos y compartimos el espacio de nuestros semejantes, no nos vamos a desarrollarnos nunca como sociedad, como país, como nación. Eso es fundamente y muy necesario en este momento que vivimos, donde la corrupción y la intencionada destrucción de nuestros principios morales, nos ha llevado a convertirnos en unos sobrevivientes.

—¿Cuáles son tus retos en el futuro como cantante y qué planes tienes a largo plazo?

—El reto es continuar con mi carrera y llegar a los 60. En esta década que ahora enfrento, tengo que plantearme lo que voy a hacer luego. Tengo muchos planes, muchas ideas: trabajar en dirección escénica y en dirección orquestal, iniciar proyectos educativos más formales e intensos y crear un proyecto de terapia musical. Otra de las cosas que quisiera es recuperar el vínculo con las instituciones culturales en Venezuela. Sé que ahora es difícil y que vamos a estar durante unos años (esperemos que no tantos) en una situación caótica y desfavorable, en vista de que soy abiertamente opositor al régimen que vivimos. Quisiera apoyar en la unificación de teatros del país para lograr una programación conjunta que active la vida cultural de esas ciudades. Quisiera formar parte del equipo que se encargue de rescatar el Teresa Carreño y que lo vuelva a ubicar entre los teatros más importantes del mundo.

Así fue el concierto "Aquiles Machado y Sadel: los tenores favoritos de Venezuela"

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El pasado 5 de julio en el Centro Cultural BOD, Guataca sirvió el plato fuerte del festival La Venezuela de Sadel, con la presentación del espectáculo Aquiles Machado y Sadel: los tenores favoritos de Venezuela, donde Machado interpretó una importante selección de las piezas más icónicas de Alfredo Sadel, en compañía de Aquiles Báez (guitarra y dirección musical), Nené Quintero (percusión), Carlitos Rodríguez (bajo), Aquiles Hernández (violín) y la actuación especial de Soledad Bravo.

Guataca, hilo conductor de la venezolanidad

En vísperas de un festival en homenaje a Sadel en Venezuela, el empresario Ernesto Rangel, principal artífice de la plataforma cultural Guataca, celebra los logros de una iniciativa que en 12 años ha generado una veintena de álbumes, incluido uno ganador de Latin Grammy, y que en la actualidad exhibe música venezolana en directo constantemente en más de 10 ciudades dentro y fuera del país

Por Gerardo Guarache Ocque

Este texto fue publicado en la revista Clímax y está disponible aquí

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No sabía qué hacer Ernesto Rangel la tarde del 15 de noviembre en el Mandalay Bay Center de Las Vegas cuando el músico uruguayo José Serebrier abrió el sobre y dijo que el ganador del Latin Grammy 2018 al Mejor Álbum Instrumental era Miguel Siso con Identidad, primera obra con sello de Guataca en obtener un premio en esa glamorosa fiesta de la música comercial latinoamericana. Vestido de traje y pajarita, no sabía si correr, seguir a Siso, llamar a alguien con su celular o abrazar a todos en su mesa. Casi saltaba de la alegría mientras el cuatrista tomaba su gramófono dorado y ofrecía un discurso de agradecimiento que remarcaba el progreso de la música venezolana del siglo XXI.

Es una de las mieles que ha saboreado, como mecenas y gestor cultural, en un recorrido intenso de unos 12 años, cuyo punto de partida estaría marcado por el álbum debut de C4 Trío. El primer espaldarazo que recibió de él el ensamble de Jorge Glem, Edward Ramírez y Héctor Molina, todos finalistas del Festival La Siembra del Cuatro, fue también el primer paso firme de una plataforma cultural que comenzó a cobrar forma, adaptándose a imagen y semejanza de un movimiento extraordinario de músicos que ya conjugaban la rigurosidad de la academia y la libertad del jazz con un amor profundo por los géneros de raíz tradicional.

“Lo que vivimos en Las Vegas con Miguel fue como una certificación de que vamos por buen camino”, dice Rangel, quien también recuerda con alegría un concierto de Jorge Drexler en el Aula Magna de la UCV en 2009, en el que C4 estuvo de telonero: “Fue muy grande la emoción que sentí a ver a los muchachos, frente a una sala llena que no sabía de ellos, tocar así y ser aplaudidos de pie. A mí me dijeron que, por la bulla que se generó cuando estaban en el ‘Zumba que zumba’, Drexler les preguntó a los productores qué estaba pasando ahí afuera. Los momentos que me dan más felicidad son esos en los que veo que la gente reconoce que tenemos un talento musical especial”.

Actualmente la plataforma sin fines de lucro, que Rangel dirige junto con el músico Aquiles Báez, exhibe ese talento en Miami, Nueva York, Houston, Orlando e, incluso, ha coqueteado con Phoenix, Dallas y Minneapolis, tres plazas estadounidenses que todavía no pertenecen al circuito guataquero habitual. Lo mismo ocurre con Buenos Aires, donde está pendiente su consolidación. Panamá ha sido uno de los escenarios más constantes. En España tiene sedes en Madrid y Barcelona. Desde diciembre, Ciudad de México comenzó a funcionar. En casa, Guataca está activa en Caracas y Lechería.

“Nuestros objetivos siguen siendo dos: dar a conocer la música venezolana en el mundo y que los venezolanos nos integremos con otras culturas a través de la música”. Y aclara Rangel: “Nunca hemos querido que sea una iniciativa de venezolanos para venezolanos. Una bonita experiencia la hemos tenido en Panamá, por ejemplo, donde presentamos una noche con talento panameño, otra con música venezolana y en cada una se invita a un músico cruzado, es decir un panameño tocando con venezolanos y viceversa”.

Gracias a las semillas que ha depositado en suelo foráneo, Guataca ha trascendido el aspecto musical y suele convertirse en un punto de conexión de venezolanos que están lejos de su tierra, que viajan a ella a través del joropo, el merengue caraqueño y la onda nueva: “Representamos no sólo la vitrina para dar a conocer la música venezolana a gente de otros lugares, sino un despertar para los venezolanos mismos que no conocen su música. Esta tragedia que nos está pasando como país nos ha hecho reencontrarnos con nuestra cultura, con la venezolanidad. Que no nos sintamos apenados por ser venezolanos. Se trata más bien de decir, con orgullo, ‘esta es nuestra música, esta es nuestra cultura’”.

El lado positivo

Formado en la Universidad Metropolitana y la Columbia University, Ernesto Rangel invierte cualquier huequito en la agenda que le deja el mundo financiero y corporativo para dedicarlo a la promoción cultural. Es un camino que se inició a partir de su amistad con Aquiles Báez, guitarrista, productor, uno de los músicos más prolíficos del país y un amante empedernido de lo autóctono.

El primer proyecto que concretaron juntos fue un álbum de Báez con el tenor Aquiles Machado en el que recorrieron algunas de las joyas del cancionero nacional en un CD/DVD que se llamó La canción de Venezuela (2005). Luego empezaron a apoyar nuevos talentos, grabar sus álbumes y servirles de catapulta. Al poco tiempo, Guataca comenzó a tener oficina y un pequeño equipo que, desde dos flancos, como sello disquero y productora de conciertos, comenzó a fijar su logotipo en el radar de los melómanos.

Antes de todo esto, en 2001, Rangel se había topado con la película Alfredo Sadel: Aquel cantor. Le impresionó a tal punto que organizó con otros compatriotas la presentación en Nueva York de la cinta, dirigida por Alfredo Sánchez Jr., hijo del ídolo. Asegura que el simple hecho de ver el documental le despertó la necesidad de difundir la cultura venezolana, en especial la música.

“Sadel es un personaje que, viviendo fuera, no sólo no olvida su país sino que siente que no puede vivir sin él —analiza—. Él busca hacer más grande a Venezuela desde su canto. Viaja a dar recitales, pero no deja de volver a casa, porque experimenta un arraigo muy fuerte, y además, ayuda a los exiliados que están luchando contra la dictadura de Pérez Jiménez. Es una fuente de inspiración para lo que hacemos hoy en Guataca”.

Por eso, a 30 años de la muerte del cantante, que se cumplieron el 28 de junio, han producido un festival titulado La Venezuela de Sadel, con charlas, cine-foros y un concierto que protagonizará el tenor barquisimetano Aquiles Machado, voz lírica venezolana con mayor proyección internacional de la historia.

Eventos similares se han organizado en el pasado en el marco del festival Caracas en Contratiempo, que ha celebrado la obra de baluartes como Simón Díaz, María Rodríguez, Aldemaro Romero y Gualberto Ibarreto, buscando aproximar esas personalidades a las nuevas generaciones. “No podemos avanzar si no sabemos quiénes son nuestras referencias. Tenemos un pasado glorioso en cantantes como Sadel, pero no podemos llegar más lejos si no lo conocemos”.

Aunque celebra la obra de artistas consagrados e ídolos de otras épocas, la meta principal de Guataca es cultivar para el futuro. Por ejemplo, Rangel ha generado en Nueva York encuentros de músicos venezolanos con artistas del Jazz Lincoln Center. Uno de los resultados de esas experiencias ha sido la dupla del cuatrista cumanés Jorge Glem y el acordeonista neoyorquino Sam Reider, que ya han realizado conciertos juntos y este año piensan grabar un álbum. La diáspora revela un aspecto positivo: la música venezolana nunca había estado tan presente en el extranjero.

“No hay ningún aprendizaje sin sufrimiento. Nadie crece sin esfuerzo —sentencia Rangel—. Eso está pasando con los músicos. Están en una situación vulnerable, muy compleja. El exilio es algo muy difícil. Están aquí haciendo oficios muchas veces ni artísticos, pero creo hay un crecimiento, una superación personal, una reinvención. Creo que, de lo malo, de este exilio forzado, va a quedar algo muy bueno”.

Un festival para Sadel: cantante y héroe de la democracia

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Por Prensa Guataca

 Venezuela celebrará a su gran cantante. Sadel, el tenor, el romántico, el demócrata, vuelve al primerísimo primer plano, a donde siempre ha correspondido. A 30 años de su muerte, La Venezuela de Sadel, festival producido por Guataca con la participación estelar del tenor Aquiles Machado e invitados de lujo como Soledad Bravo, mas una programación de conferencias y cine-foros con panelistas como Jacobo Borges, Elías Pino Iturrieta y Rodolfo Izaguirre, y la proyección de la película Alfredo Sadel: Aquel cantor, desglosarán a partir del 30 de junio a ese personaje irrepetible desde su arte y su postura inquebrantable contra la dictadura. 

El viernes 5 de julio a las 5:00 pm en el Centro Cultural BOD de Caracas se servirá el plato fuerte del festival. Si alguien preguntase ahora quién sería el cantante ideal para homenajear a Alfredo Sadel, la respuesta sería un millón de veces la misma: Aquiles Machado, un amante de la música popular de su país que además es el cantante lírico con mayor proyección internacional de nuestra historia.

Machado (Barquisimeto, 1973) pertenece a una élite operística mundial. En su carrera, ha interpretado papeles protagónicos en la Ópera de Roma y las de Washington, Los Ángeles y Zurich, en el Teatro San Carlo de Nápoles y en el Gran Teatre de Liceu de Barcelona, así como en el Teatro Real de Madrid y el de la Zarzuela de la misma ciudad. También ha cantado en la Deutsche Oper de Berlín, el Metropolitan Opera House de Nueva York y el Teatro alla Scala de Milán. Para el concierto en Caracas, viajará desde Moscú, donde ha estado protagonizando funciones en el Teatro Bolshoi de Carmen de Bizet y Don Carlos de Verdi.  

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Machado, quien además grabó dos volúmenes de La canción de Venezuela, dos producciones de Guataca que incluyeron joyas inolvidables como Desesperanza, Escríbeme y Déjame, recorrerá esas y otras piezas escritas o popularizadas por Sadel acompañado por una banda que dirigirá el maestro guitarrista Aquiles Báez con Carlos “Nené” Quintero (percusión), Carlitos Rodríguez (bajo) y Aquiles Hernández (violín). La invitada —el mejor broche de oro posible— será Soledad Bravo.  

Dos cine-foros, uno bajo techo y otro al aire libre, servirán para refrescar la película Alfredo Sadel: Aquel cantor (1999), hasta ahora el mejor documento fílmico para aproximarse a la figura del ídolo. Primero será proyectada el domingo 30 de junio a las 10:00 am en los cines del Trasnocho Cultural, en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes, con presencia del intelectual y crítico de cine Rodolfo Izaguirre y su realizador, Alfredo Sánchez Jr., hijo del personaje. Luego será presentada el sábado 6 de julio a las 6:30 pm en la Plaza Los Palos Grandes, con Henrique Lazo como invitado especial., junto al director del documental. 

Cuatro conferencias se celebrarán durante el mes de julio, cada una para abordar una faceta de la vida y obra de Sadel. El 11 de julio a las 3:30pm en la Biblioteca Los Palos Grandes, Alberto Veloz y Aquilino José Mata debatirán sobre La Caracas de Sedal, recreando la capital de aquellos años de armonías y buenas costumbres.

El resto de los conversatorios serán en la Plaza Los Palos Grandes: el mismo 11 a las 5:30 pm, el maestro Jacobo Borges estará con invitados como la cantante Esperanza Márquez y el músico Miguel Delgado Estévez hablando sobre La Venezuela de Sadel.

El 16 de julio a las 5:30 pm se celebrará uno de los encuentros más necesarios: invitados como el profesor Pedro Benítez, el periodista Alonso Moleiro, el político Américo Martín y el historiador Elías Pino Iturrieta desmenuzarán al Sadel: Héroe de la democracia, recordando los tiempos en los que el artista, en una demostración de amor profundo por su país, ayudó a quienes desde la resistencia y el exilio procuraban acabar con la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y recuperar la libertad en Venezuela.

Para cerrar el círculo, el 18 de julio a las 5:30 pm, panelistas como el músico y locutor Miguel Delgado Estévez y la cantante y directora coral Isabel Palacios hablarán de Sadel y su música, buscando ahondar en el repertorio del personaje, contar historias tras bastidores, hablar de las canciones que interpretó y de otras que él mismo escribió, buscando subrayar una arista poco conocida de su biografía: la de compositor.  

Aquel 28 de junio de 1989, del que pronto se cumplirán tres décadas, Venezuela perdió a uno de sus grandes artistas y, al mismo tiempo, uno de sus héroes civiles más ilustres. Alfredo Sánchez Luna, aquel joven que trabajaba como ayudante en el taller del maestro Carlos Cruz-Diez y que se hizo llamar Sadel en honor a uno de sus referentes, el tanguero argentino Carlos Gardel, se convirtió en el primer gran ídolo de masas del país. Una voz privilegiada y un encanto natural lo hicieron tocar con la punta de sus dedos el cielo del espectáculo de aquella Venezuela que ahora se ve tan lejana. Con más de 100 álbumes grabados, fama y giras internacionales, elogios de grandes artistas dentro y fuera de su patria, Sadel representa lo mejor de la venezolanidad y por eso Guataca ha optado por convertir su efeméride en festival.

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"Acidito" - Aquiles Machado y Aquiles Báez

"Acidito", merengue de Adelis Freitez, interpretado por el tenor Aquiles Machado y el guitarrista Aquiles Báez para el CD/DVD La Canción de Venezuela. Grabado en los estudios Artevisión de la Universidad Simón Bolívar. Ensamble:

Contrabajo: Roberto Koch

Cuatro: Rafael "Pollo" Brito

Percusión: Alexander Livinalli

Maracas: Juan Ernesto Laya

Mandolina: Pedro Marín

Arpa: Carlos "Metralleta" Orozco