Orfeón Universitario UCV

Vinicio Adames y el Orfeón Universitario, a 43 años de la tragedia

Foto: Cortesía Orfeón Universitario

Foto: Cortesía Orfeón Universitario

Por Eudomar Chacón

3 de septiembre de 1976: Es de madrugada. El padre Francisco Dolores está en la casa parroquial de Angra do Heroismo, poblado ubicado en la isla Terceira del Archipiélago de las Azores (Portugal). La noche es lluviosa y los vientos de 120 kilómetros por hora de la tormenta Emmy chocan con las casas de este pequeño lugar, que se levanta en pleno Océano Atlántico. Un ruido estrepitoso obliga al párroco a tomar su Volkswagen y averiguar qué ocurrió, pero la visibilidad es casi nula. Luego de unos minutos de recorrido encuentra un bulto ensombrecido casi irreconocible. Al acercarse se da cuenta: es la cola de un avión. Dentro se topa espantado con el cuerpo de un hombre y una mujer. La mano del caballero sostiene un diapasón. Sigue hurgando y consigue una partitura titulada Gloria al bravo pueblo. El cadáver pertenece a Vinicio Adames y el resto de los caídos en esta tragedia son los integrantes del Orfeón Universitario de la UCV.

Ya han pasado cuarenta y tres años desde que ocurrió este accidente, que dejó de ser un duelo para convertirse en “un canto infinito de paz”, como profesa el himno de la casa de estudios. Sin duda, el legado musical que Vinicio Adames y la agrupación –declarada Patrimonio Artístico de la Nación– han dejado a la música coral, se refleja en el sinnúmero de agrupaciones vocales que hacen vida en el país.

Vinicio Adames. Foto: Cortesía Orfeón Universitario

Vinicio Adames. Foto: Cortesía Orfeón Universitario

Hablar del uno –Vinicio– sin el otro –Orfeón– no tiene mucho sentido. A los 18 años, el joven Adames dejó su natal Barquisimeto y se mudó a la capital para estudiar odontología en la “Casa que vence la sombra”. Fue allí donde conoció al conjunto que lo marcaría por el resto de su vida: el Orfeón, dirigido en ese momento por Antonio Estévez.

En julio de 1954, luego de una reorganización, Adames se convirtió en el director de la coral. Al año siguiente, logró que la “voz plural más conmovedora” de la casa de estudios viajara al Primer Festival Mundial de Coros Universitarios, realizado en el Lincoln Center de Nueva York (Estados Unidos).

También dirigió la Orquesta de Cámara de la UCV, la Orquesta de Cámara de la Universidad de Carabobo, la Sinfónica de Panamá, la Orquesta de Cámara Metropolitana de Caracas y las corales Shell, del Seguro Social, de la Escuela Industrial, del Instituto Antonio José de Sucre y el Grupo Coral Metropolitano.

La Coral del Banco Central de Venezuela, que posteriormente recibió el nombre de Orfeón Vinicio Adames, también estuvo a su cargo. Con esta agrupación grabó un disco de música popular y folklórica venezolana en 1973.

Oposición en el camino

En 1974, el Orfeón recibió una invitación para estar dos años después en el Día Internacional del Canto Coral, en Barcelona (España). Muchas trabas, principalmente económicas, se presentaron en el camino. Sin embargo, la agrupación consiguió que la Fuerza Aérea Venezolana la apoyara con un avión Hércules para el viaje. Adames estaba de vacaciones con su familia en Miami, pero regresó a Caracas para viajar con los chicos del coro.

Adames dirigiendo al Orfeón en un ensayo. Foto: Cortesía Orfeón Universitario

Adames dirigiendo al Orfeón en un ensayo. Foto: Cortesía Orfeón Universitario

Despegaron hasta Las Bermudas, donde la tripulación recargó combustible. Los planes incluían otra parada técnica en las Islas Azores. Pero el clima hizo de las suyas. Al acercarse a Texeira, el piloto se topó con el huracán Emmy y al intentar aterrizar, no hubo manera de comunicarse con el encargado del puesto de control.

No quedó más remedio que maniobrar la nave para aterrizar… pero la estrategia no fue suficiente. El avión colisionó a doscientos metros de la pista del Aeropuerto de Lages, llevándose la vida de sus 68 ocupantes. Y conscientes de que iban a morir, los integrantes del coro decidieron homenajear a su tierra natal, entonando el Himno Nacional, tal como lo registró la caja negra del aparato.

Cuatro décadas después de este fatídico evento, puede escucharse al Patrimonio Artístico de la Nación honrando la vida de estos caídos:

Adiós, adiós, maripositas blancas

Adiós maripositas amarillas

Que salen a gozar de la mañana

Puede que los cuerpos de Vinicio Adames y de los coristas ya no estén, pero sus memorias siguen presentes en cada agrupación coral. Esto se comprueba en la proliferación de conjuntos vocales que surgieron después del 3 de septiembre. El canto coral pasó a convertirse en una expresión casi obligatoria de la música en el país. Por eso, a 43 años de la tragedia de las Azores, se recuerda con orgullo el legado que estos grandes dejaron al arte venezolano.

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Raúl Delgado, el sobreviviente de las Azores

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Por Andrea Paola Márquez

En Calabozo, estado Guárico, el apellido Estévez es referencia obligada de la grata memoria. El hielo en carreta de la bodega de la familia; la genialidad de Antonio, que llevó al mundo orquestal la inmensidad del llano venezolano; las enseñanzas de la maestra Elia, la Nena, madre de Miguel Efrén, el que anda alegrándole la vida a la gente con sus Cuentos de Camino, la misma mujer que un día como hoy, 30 de mayo, pero en 1946, dio luz al músico que tiempo después asumiría el compromiso histórico de levantar la moral de una Universidad y de un país entero. Los Estévez son una familia, un motivo de orgullo no sólo de Guárico, sino de toda Venezuela.

El hilo invisible de la historia escribió para Raúl Delgado Estévez un destino que ya lo seducía desde 1976. Ese año le propusieron ser el asistente de dirección del Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela —el coro que fundó su tío en 1943— entonces bajo la tutela de Vinicio Adames, con la idea de que, tarde o temprano, se convirtiera en el director.  El salario que le ofreció la universidad por el cargo, sin embargo, no correspondía al merecido por el joven Delgado, que tenía poco tiempo de haber regresado de sus estudios de especialización musical en París. Por eso declinó el ofrecimiento. 

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Al Orfeón Universitario lo invitaron al XII Día de Canto Coral de Barcelona, España, a celebrarse en septiembre de ese año. Sería la primera gira por Europa de la agrupación. Sin embargo, encontraron en el camino muchas dificultades para concretar el viaje, por lo que Vinicio desistió de la idea, y planificó junto a su familia unas vacaciones en los Estados Unidos. No obstante, los jóvenes integrantes, entusiasmados, insistían, en hallar la forma de asistir al compromiso internacional.  Por un lado, desde la Federación de Centros Universitarios, comenzaron a gestionar un avión por parte del ejecutivo nacional que los trasladaría hacia el viejo mundo; y por el otro, solicitaron la asistencia del mismísimo Raúl Delgado Estévez para agilizar hospedajes en ciudades como la París que tan bien conocía.

Con una gira en pleno proceso de organización no concretado y un viaje familiar en puertas, Adames solicitó el apoyo de Delgado Estévez. No podía cancelar sus vacaciones, y en caso de lograrlo, la delegación venezolana debía ir preparada con un repertorio de altísima exigencia que, para ser montado, requería igualmente un músico de muy alto nivel. Por eso, el acuerdo sería que Raúl estaría a cargo del montaje del repertorio durante el período de las vacaciones y les acompañaría en calidad de director invitado. Y así, ante la ausencia de Vinicio Adames, el insigne sobrino de Antonio Estévez iniciaría el proceso que lo ató por siempre, y de manera muy poderosa, a la institución y a la historia de un país entero.

Al ser el viaje un hecho, Adames adelantó su regreso: debía afinar detalles y trabajar en equipo con Raúl Delgado Estévez.  A finales de agosto, pocos días antes de la fecha de partida, les avisaron que había inconvenientes con el hospedaje en París. Se consiguieron dos boletos comerciales: Raúl viajaría con uno de ellos y el otro no lo usaría nadie, porque Vinicio tomó la decisión de viajar con sus muchachos en el Hércules de las Fuerzas Armadas C-130 designado por la presidencia de la República.

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La historia de la tragedia que se llevó las 68 vidas venezolanas  que viajaron en el avión militar el 03 de septiembre de 1976 es quizás una de las más reseñadas en nuestra historia musical. En Barcelona, junto a nuestro tricolor, Raúl Delgado Estévez recibió de parte del encuentro coral las palabras:

“Hermanos cantores de la Universitario de la Universidad Central de Venezuela. Con ilusión de niños, veníais  a traer vuestras bellas canciones al XII Día Internacional del Canto Coral de Barcelona. Al país hermano (…) Parece que el mismo Dios en sus misterios e insoldables planes ha preferido para vosotros otro escenario mejor. Ha querido llevaros a su lado, para que cantéis eternamente en el Gran Festival del Cielo. Nosotros os ofrecemos desde la tierra todas las canciones de XII Festival Internacional de Canto Coral. Las vamos a cantar mirando vuestra bandera donde queda un gran espacio vacío, un gran hueco sin llenar. Y nos vamos a quedar en silencio tratando de escuchar en nuestro corazón la gran canción de vuestra muerte”.

Barcelona, 5 de septiembre de 1976.

Y ese Raúl Delgado Estévez, movido por el dolor infinito de ser el único de la nómina viajera en sobrevivir logró llegar a Venezuela, por otra poderosa obra del destino, al mismo tiempo que los restos de la agrupación caída, sintiendo desde entonces el amoroso compromiso de honrar su memoria, el fuerte vínculo al que estaba destinado. Así fue como el sobreviviente de las Azores, en compañía de Graciela Gamboa, hicieron posible ver al Orfeón renacer de las cenizas nueve meses después, como un fénix poderoso y con él, la alegría de un país entero, junto a una  lección histórica de esperanza que jamás olvidaremos.

Hoy que recordamos su legado a 73 años de su nacimiento y una semana del vuelo al encuentro con sus hermanos orfeonistas. En su memoria, estamos comprometidos a seguir empujando hacia el alma la vida en mensaje de marcha triunfal.