
A Paul McCartney lo cautiva el sonido de una flautita de madera que toca un hombre moreno con barba de candado. Su solo es parte de “Arpan”, una suite compuesta por el gran músico indio Ravi Shankar, dirigida por su hija, Anoushka, en el Concert for George, tributo al beatle George Harrison tras su muerte, celebrado en el Royal Albert Hall, el mítico teatro londinense a la vera del Támesis.
Como el flautista está de piernas cruzadas entre la sección india, ataviado en consonancia con el contexto y rodeado de sítaras, tablas y trajes típicos del país más poblado del mundo, McCartney lo da por indio. Cuando el británico le pregunta a Ravi Shankar por él, se entera de que no son indios ni el individuo ni su instrumento. «Él es venezolano y lo que tocó es un duduk armenio».
El Concert for George se celebra el 29 de noviembre de 2002, exactamente un año tras el fallecimiento del personaje. De ese recital, en el que participan grandes artistas que además fueron verdaderos amigos del guitarrista de los Beatles, como Eric Clapton, Jeff Lynne y Tom Petty, así como Ringo, McCartney y Ravi Shankar, saldrá un DVD ganador de Grammy.
Más de un año después de aquel recital antológico, McCartney está grabando lo que será su 14º álbum de estudio. Tiene una nueva canción, a la que ha llamado “Jenny Wren”, inspirado en un personaje de la última novela de Charles Dickens, Nuestro común amigo (Our Mutual Friend, 1864).
La de “Jenny Wren” es una melodía agridulce, algo sombría, que él canta acompañado por su guitarra acústica y el golpe de su zapato. Es una de esas piezas con sello Macca estilo “Blackbird”, su clásico del White Album de los Beatles. Funciona en ese formato minimalista, pero él siente que le vendría bien el sonido de aquel duduk armenio que tocó el tipo de Venezuela en el tributo a George. Su representante consigue el número de teléfono y llama.
Del otro lado de la línea, en una pausa de un ensayo con Yanni, está Pedro Eustache, un artista nacido y criado en Caracas, pero establecido desde joven, desde mucho antes del fenómeno de la diáspora, en Estados Unidos.
La hoja de vida de Pedro Eustache impresiona. Fue parte, por años, de la banda de Yanni, el espectacular pianista y tecladista griego. Es quien toca la zampoña que suena en “Suerte (Whenever, wherever)”, hit del álbum Laundry Service (2001) de Shakira, con quien salió de gira por el mundo y se presentó incluso en Saturday Night Live y elTonight Show cuando lo conducía Jay Leno. En Venezuela, lo recordamos por el solo de “Simón Guacamayo”, del CD Plomo Revienta (1997), de Desorden Público. Pero en el apartado en el que el caraqueño ha engrosado más su currículum es en el de música para cine.

Eustache ha trabajado con el gran John Williams, autor de las bandas sonoras fílmicas más reconocibles de la historia. Steven Spielberg ha elogiado su virtuosismo. Ha colaborado como instrumentista con Hans Zimmer, Danny Elfman, Michael Giacchino, Thomas Newman y Alexandre Desplat, todos maestros de soundtracks o ganadores de Oscar o nominados en muchas ocasiones a los premios. Su sonido es parte de La Pasión de Cristo (2004), Munich(2005), Coco (2017), tres entregas de la taquillera saga Piratas del Caribe, e incluso de Game of Thrones, la serie exitosísima de HBO. Hace rato que la lista de películas en las que ha participado superó el umbral de las 150.
También ha participado en muchas bandas sonoras de juegos de consola. En diciembre de 2022, se viralizó en redes sociales como «The Flute Guy» cuando se mostró en pantalla su vibrante performance como parte de la orquesta en los Games Awards, la cumbre del gaming celebrada en Los Ángeles.
Eustache es un apasionado de los instrumentos de viento-madera, no sólo ejecutante, sino constructor y casi antropólogo musical. Ha dedicado su vida entera al arte de convertir el aire en melodía. Cuando le escriben partituras imposibles para flautas tradicionales (que también domina), suele crear instrumentos nuevos que se ajustan a las necesidades del pentagrama.
Ha creado un saxofón a partir de un cuerno de antílope africano (el oryx gazella) al que llama Oryxophone; ha construido flautas con material que él mismo recogió, como una larga que hizo de un bambú muy específico que encontró en la selva de Kawaii, una de las islas hawaianas; hizo una ocarina a partir de un huevo de avestruz, una zampoña que funciona en dos registros (la que usó en la gira de Shakira) y hasta una flauta rústica de PVC, quizá la más barata del mundo, que funciona estupendamente.
«Esos instrumentos producen en mis manos un sonido que absolutamente nadie en el universo puede producir», me dijo en una entrevista que me concedió, como reportero de El Nacional, en enero de 2013, cuando visitó Caracas para la grabación de la banda sonora de Libertador (2013), la cinta sobre Bolívar de Alberto Arvelo Mendoza.
Pionero del Sistema de Orquestas, Pedro Eustache (Caracas, 1959) fue becado para estudiar en Europa. Se formó en flauta clásica en el Conservatoire Héctor Berlioz y la École de Musique d’Asnières-sur-Seine, ambos en Francia. También estudió en Suiza con Aurèle Nicolet y obtuvo una licenciatura y una maestría en interpretación de jazz en el California Institute of the Arts, Estados Unidos.
Su pasión lo llevó mucho más lejos. Interesado en sonoridades y tradiciones de lugares remotos y de raíces históricas muy profundas, se dedicó a aprender el duduk armenio con Djivan Gasparian, el ney árabe con Nabil Abdmouleh y el didgeridoo australiano con David Hudson. También se convirtió en el único alumno latinoamericano de Ravi Shankar, quien lo acercó al universo Beatle y a la órbita de Sir Paul McCartney.
La cita
El 25 de octubre de 2004, Eustache se encuentra en una caseta de grabación de los Ocean Way Recording Studios de Los Ángeles. En la sala de cónsolas está Sir Paul McCartney, en carne y hueso, acompañado por Nigel Godrich (el productor de Radiohead) y el ingeniero de grabación Darrell Thorp.
Para Eustache, la música es un ejercicio de rendición ante la divinidad. Es gracia y agradecimiento a Dios. Justo antes de empezar a grabar sus partes de “Growing Up Falling Down” —que será el lado B del single «Fine Line»—, el caraqueño, nervioso, recurre al rezo: «Señor, este es Paul McCartney. ¡Ayúdame!» Cuando lo ve salir, complacido por el resultado, el beatle le dice: «Fue esa oración que hiciste. Eso hace toda la diferencia del mundo».
Eustache, McCartney y Godrich hacen una pausa para almorzar. Se van al techo del edificio, donde les han acondicionado un espacio. El beatle conversa con el venezolano. Le pregunta sobre su vida y su carrera. Bromea con él diciendo cosas que sabe en castellano: Pablito, clavó un clavito… Cuando se levantan para retomar el trabajo y Eustache se dispone a volver por el mismo camino que llegaron, McCartney le señala otra ruta porque quiere mantener la frescura del momento: «To keep the creative juices going».
Ya en el estudio, el beatle toma su guitarra acústica y le muestra la estructura de “Jenny Wren”. La ensayan. Eustache se pone frente al micrófono con su duduk. Interviene en medio del tema y se queda a subrayar y colorear sus frases en las estrofas siguientes. Triunfa en una sola toma. Cuando sale para analizar lo que ha grabado, le dice a McCartney: «Ya quisiera escucharla con todos los instrumentos, bajo, teclados…». El beatle le advierte que no habrá más instrumentos. Que está lista porque quiere que suene como «dos amigos tocando juntos en un pub».
«Dios me ha dado un dueto con Paul McCartney —me dirá Eustache en la entrevista de 2013 en el lobby del hotel Caracas Palace— De dónde saco yo real para montar una estrategia que dé esos resultados».
Tiempo después, en 2018, el incansable McCartney editó otro de sus álbumes de estudio, Egypt Station(2018), para el cual volvió a requerir de los servicios de Pedro Eustache, quien participó en tres temas, “Happy with You”, “Hand in Hand” y “Back in Brazil”. Grabó allí flautas, bansuri y duduk.
Editado en junio de 2016, el álbum doble Pure McCartney reunió las mejores creaciones —hasta el momento— del genio inglés como solista, así como de sus trabajos con Wings y su proyecto paralelo The Fireman. La pista 12 del CD 1 es “Jenny Wren”, el dueto de un venezolano con un beatle.