Cada álbum puede ser un privilegio, un pase VIP, un upgrade como los que hacen las aerolíneas y los hoteles. Primogénitos (2026), la obra de Nathasha Bravo y Jorge Glem, supone el acceso a una fiesta muy exclusiva, íntima y familiar en el patio de la cantante y el cuatrista. Abre las puertas a una velada que sabe a tradición venezolana, con el aroma del salitre y la cadencia de las olas, porque se advierte la presencia del mar, de las costas cumanesas. 

El álbum, grabado en vivo —en simultáneo, y no por pistas— en compañía del maestro contrabajista Elvis Martínez, extrapola la experiencia tras bastidores de Nathasha Bravo, una artista que ha crecido cantando muy cerca de su primo (por el lado paterno), que casualmente es un músico virtuoso, uno de los mejores cuatristas que existen. 

La voz de Nathasha se pasea por varias regiones del país, caminando sobre ritmos variados, reflejo del abanico de posibilidades que permite el folclore nacional. Ella los encara de manera graciosa y elegante; respetuosa de lo vernáculo, pero más respetuosa de su propia naturalidad, que viene aderezada de jazz, blues, pop. 

Primogénitos abre con “Brumas del mar”, el vals despechado del gran compositor valenciano Balbino García (el mismo que hizo “Carmen la que contaba 16” y “El Chivo”), y sigue con “Dime Chinita”, gaita zuliana de Abdénago “Neguito” Borjas, prolífico compositor con el que la artista ha colaborado. 

Diseño: Betzabeth Ovalles

El Zulia vuelve a estar representado más adelante, gracias a “Luisa”, una danza de Alfonso Huerta Bracho que cautiva en ese formato voz-cuatro-contrabajo, sin necesidad de grandes alineaciones ni despliegues. 

La voz sedosa de Bravo dialoga con las cuerdas de Glem, quien generalmente acompaña, haciendo gala de las virtudes percutivas del instrumento más venezolano, aunque a veces se suelta en uno de esos solos endemoniados que dejan boquiabierto a su público. Todo se construye sobre lo que genera Martínez y su base sólida en registros bajos. 

Un merengue sabroso no podía faltar. La síncopa caraqueña pícara se cristaliza en “Patatín patatán”, de los ilustres Pablo Camacaro y Luis Laguna. Tampoco, un joropito con aire oriental. Para eso está “Jesús Jiménez”.

https://www.youtube.com/watch?v=VpkZ-yj710M   

El álbum administra sus intensidades. Genera un vaivén emocional, al pasar de una pieza enérgica a una más delicada y taciturna, como “Urano”, la escrita por el dúo Bravo-Glem y presentada como single promocional, que supone un descanso, un momento para tomar aire y seguir.  

El broche lo pone “Nací para soñar y cantar”, adaptación libre y en castellano de una samba brasileña (“Nasci Pra Sonhar e Cantar”) de Délcio Carvalho e Ivone Lara, en cuya grabación participó como invitado, tocando la guitarra, Héctor Molina, compañero de Glem en el laureado ensamble C4 Trío.

De una costa a la otra 

Natasha Bravo (Cumaná, 1992) canta desde que tiene uso de razón. Nathalia, su mamá, le cuenta que cuando apenas pasaba de los dos años de edad, incluso antes de hablar correctamente, ya la niña podía reproducir melodías con su voz; la misma voz que sí recuerda exhibir, ya más grande, con “Pasillaneando”, aquel vals de José La Riva Contreras que muchos recuerdan en la voz de María Teresa Chacín, indicio de la cercanía que la cumanesa siempre ha tenido con los géneros de raíz tradicional de su país. 

La joven, que se formó en Comunicación Social en la Universidad Católica Santa Rosa en Caracas y que pasó por las filas del Orfeón Universitario de la UCV, hizo maletas en 2018 para irse a perseguir sus sueños a Nueva York, primero, y Miami, después. 

Nathasha ha grabado con Baden GoyoNeguito Borjas, César Orozco y el ensamble formado en torno al trombonista Achilles Liarmakopoulos (Canadian Brass). Ha cantado con Paquito D’RiveraLuis EnriqueJorge Luis Chacín, el propio Héctor Molina y hasta con la Miami Symphony que dirige Eduardo Marturet.

Ha colaborado bastante con C4 Trío, con el que actuó en un histórico concierto de noviembre de 2025, en el que celebraron su 20º aniversario en el Adrianne Arsht Center, uno de los teatros más prestigiosos del estado de Florida. Antes, en julio, también había compartido con ellos en la celebración de la herencia venezolana desde el terreno del Loan Depot Park de Miami, el estadio de los Marlins.

Luce natural en el relato de su vida que su debut discográfico sea precisamente un álbum hecho con su primo, el también cumanés, Jorge Glem. 

Lo titularon Primogénitos como un juego de palabras que combina su parentesco con el hecho de que Cumaná, la capital del estado Sucre, sea considerada la ciudad primogénita (de tierra firme) del continente americano.  

Ya saben quienes la han visto actuar en directo que Nathasha Bravo es una de las voces que refresca el sonido de la música inspirada en la raíz tradicional de lo que va de siglo. Ahora, también pueden atestiguarlo quienes asistan a plataformas digitales y se encuentren este álbum, grabado, mezclado y masterizado por Vladimir Quintero, con carátula diseñada por Betzabeth Ovalles, y le den play.

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