Miguel Siso, su cuatro triple y la música venezolana del futuro

Por Gerardo Guarache Ocque
Fotografías: Nicola Rocco

La música venezolana del siglo 21 tiene una extremidad hiperdesarrollada: el cuatro, instrumento rey del país, comenzó a desprenderse de las amarras que lo habían mantenido circunscrito casi exclusivamente a las propuestas tradicionales más herméticas. El nuevo álbum de Miguel Siso, Identidad, es una muestra de ello. También es el ejercicio de un cosmopolitismo que funciona instintivamente; que, aunque suponga experimentación, uso de la tecnología e incorporación de especias foráneas, no impide que se logre una obra con raíces profundas que surquen el Macizo Guayanés.

Identidad es un baño de esperanza. Es la constatación de que Venezuela no siempre fue esta jungla sombría y triste, y de que no tiene por qué seguir siéndolo en el futuro. “Horizontes”, la segunda pista, condensa el espíritu de las 11 canciones, que además de pintar un paisaje frondoso en la mente de quienes las escuchan, sin querer, dibujan el mapa de influencias de su creador.

“Quise buscar un sonido más global para la música venezolana. Darle proyección, refrescarla. Hacer una world music hecha en Venezuela”, explica Siso, nacido y criado en Puerto Ordaz y formado en el antiguo Iudem (Instituto Universitario de Estudios Musicales, hoy Universidad de las Artes) de Caracas. Precisamente, aprovechó para evocar lo que sentía cuando volvía de la provincia a la capital, donde vivía como estudiante, en un delicado merengue llamado “Llegando a Caracas”. Es, en cierta forma, un homenaje indirecto a Aquiles Báez y su álbum Reflejando el dorado (2003), que influyó profundamente en su manera de concebir la música.

Siso es como un sabio maestro de artes marciales que administra muy bien sus golpes. Es capaz de deslumbrar, convirtiendo sus manos en acróbatas poseídos, pero no abusa del recurso. Aunque sí contiene algunos solos, Identidad no es un disco en el que el cuatro se pavonee todo el rato. Un concepto flota por sobre la obra y la define. Una delicada artesanía teje sonidos acústicos, voces usadas como instrumentos de viento y artificios de consola propuestos por el ingeniero Darío Peñaloza (siempre a partir de lo orgánico). “Luna de madera”, por ejemplo, pareciera llevar un beat electrónico, pero no: lo que suena siempre es el cuatro, golpeado como un bombo, haciendo de charrasca, realzado por flangers y otros efectos.

La experimentación en el estudio generó canciones como “Kerepakupai Vená (Salto Ángel)”, el delicioso calipso que inicia el viaje cantándole al salto de agua más alto del planeta, llamado acá por su nombre en dialecto pemón. Es, paralelamente, la presentación oficial en registro discográfico del cuatro triple, la gran novedad de Siso que destaca en la ilustración de portada. El instrumento fue creado por el luthier Alfonso Sandoval, quien antes había trabajado en una mandolina de Cruz Quinal que fue el primer instrumento venezolano de brazo múltiple. Uno de las mangos corresponde a un cuatro tradicional; el otro es más grave, “como aguitarrado” —lo describe Siso—; y el tercero tiene cuerdas de metal, como el que usa su colega Edward Ramírez, del C4 Trío y El Tuyero Ilustrado.

La percusión afrovenezolana, con chimbangles y cumacos, se junta con un djembé que viene directo desde el África occidental, gracias a especialistas como Nené Quintero y Yonathan Gavidia. El cuatro se apoya en un bajo eléctrico (o contrabajo) y batería, seguido de flautas, saxos y hasta fliscornos, vibráfonos y teclados Fender Rhodes. Pero no nos confundamos. No se trata de la mera combinación de instrumentos; Identidadfunciona porque los arreglos están cuidadosamente pensados de acuerdo a las exigencias de las canciones. Es un disco del que pueden extraerse fragmentos, pero, al ser conceptual, cobra más sentido cuando se oye de corrido.

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Cambios y ausencias

“El cuatro siempre fue muy celoso conmigo -cuenta Siso-. Me encantaba el piano, la guitarra, la mandolina y la bandola, pero cuando intentaba estudiar otro, sentía que era todo más lento. Volvía al cuatro y de nuevo resultaba fácil. Era como si me dijera: ‘¡para qué ver pa’ los lados, si aquí está todo!’ Y así me fui enfiebrando y sacando más canciones y más canciones”.

La fiebre cuatrera de Siso comenzó, con verdadera intensidad, a sus 9 años de edad. Con un “Bésame mucho” a ritmo de onda nueva, ganó la tercera edición del Festival La Siembra del Cuatro, certamen creado por Cheo Hurtado (Ensamble Gurrufío) que en casi 15 años -desde 2004- ha contribuido con la evolución del panorama musical venezolano, porque le ha servido de vitrina a ejecutantes virtuosos como Carlos Capacho y, nada más y nada menos, los tres integrantes del C4 Trío: Jorge Glem, Héctor Molina y Edward Ramírez.

Siso, durante la charla, no deja de agradecer haber compartido con tantos músicos que admira, y esa gratitud se manifiesta en el álbum. A Nené Quintero, uno de los mejores percusionistas del país y también de los más queridos en el mundillo musical, le escribió el simpático “Nené Chimbanglero”, que combina el chimbangle con la gaita de tambora.

De Borbón a Las Patillas” se basa en su historia familiar. Ambienta el encuentro sentimental que dio fruto a su existencia describiendo el largo recorrido entre el pueblo natal de su padre y el de su madre, ambos en el robusto estado Bolívar -que tiene casi la superficie territorial del Reino Unido-. La nostálgica “Sonidos de la ausencia” es un vals venezolano, con tratamiento de jazz trío, que le compuso a su esposa cuando emigró a Irlanda y él aún no la había alcanzado, por lo cual puede funcionar como banda sonora melancólica para la gran diáspora venezolana de estos tiempos.

Siso rescató “Sin contratiempos”, una canción que había compuesto para lo que iba a ser el segundo disco de su antiguo ensamble, El Quinteto Menos Uno. Es una onda nueva con ciertas variantes rítmicas que introdujo el baterista José “Tipo” Núñez, con una instrumentación maravillosa gracias a la flauta de Eric Chacón y al bajo del fallecido Gustavito Márquez. Es un tema con potencial cinematográfico, perfecto para un collage de imágenes de Caracas.

En Identidad, álbum que se suma al catálogo de Guataca, se encontraron varias generaciones de músicos. Así como están José Núñez y el guitarrista Gustavo Medina, ambos compañeros de Siso en el Iudem, el contrabajista Freddy Adrián o los hermanos Eric y Chipi Chacón, formados en el Sistema de Orquestas, también participan instrumentistas más experimentados -ídolos del guayanés- como el contrabajista Elvis Martínez, que tocó varias; el flautista Luis Julio Toro, quien colaboró en la taciturna “Tiempo”; o el también flautista Huáscar Barradas, quien participó en la fiesta de cierre, llamada “Con cuatro y con Patanemo”, que termina con una descarga caribeña con sección de metales y voces de Marcial IstúrizRafael Pino y Rafael “Pollo” Brito.

Tiempo de cambio”, canción reflexiva grabada junto a Eric Chacón (saxo), fue escrita durante las cruentas manifestaciones callejeras antigubernamentales en Venezuela de 2017. Acorde con el leit motiv de Identidad, refuerza el mensaje que Siso busca transmitir. Frente a la violencia de aquellos días, el músico respondió con armonías. Cuando la toca en directo, suele acompañarla con rostros de venezolanos insignes y una frase de Arturo Uslar Pietri que repite al momento de la entrevista: “Todos podemos ser excelentes en lo que hacemos”.

(Texto publicado en Revista Ladosis)

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