Cuando La Siembra del Cuatro celebró su 20 aniversario, sacó una carta japonesa de su manga. Yuki Takeda, el campeón mundial del silbido, fue invitado por Cheo Hurtado al escenario en la Casona Cultural Aquiles Nazoa, en Caracas. Fue su primera visita al país, tras años de estudiar y celebrar la música venezolana. Acompañándose con un cuatro de fabricación francesa, silbó “Carretera” de Aldemaro Romero y se ganó el aplauso del público.

El maestro David Peña lo vio, encantado, desde un costado. Ese mismo fin de semana, del 6 y 7 de abril de 2024, Peña, contrabajista del Ensamble Gurrufío, multiinstrumentista y productor, invitó a Takeda a los estudios Velvet en Quinta Crespo. 

La sesión, que se produjo pocos días después, no requirió demasiada planificación. Hicieron una lista de unas 12 canciones y se decantaron por la mitad de ellas. Frente a frente, él con la guitarra y el artista japonés silbando frente a su micrófono, grabaron un puñado de estándares del folclore venezolano que cobraron la forma de un EP, Cuerdas al viento (2026), que ya puede escucharse desde cualquier lugar del mundo. 

“Acidito”, la joya de Adelis Fréitez en ritmo de merengue caraqueño, con esa melodía dulce que salta de las líneas bajas a las altas del pentagrama entre una nota y la siguiente, fue el detonante de todo el proyecto. 

Peña y Takeda habían coincidido —uno como maestro, el otro como alumno, respectivamente— en la edición de 2018 del taller (el stage) de música venezolana que organiza el maestro Cristóbal Soto en Mirecourt, Francia, cada verano.  

Frente a la cámara de un teléfono celular, sentado en un banquillo, Peña acompañó a Yuki con su guitarra en “Acidito”. El clip fascinó a propios y extraños cuando fue divulgado en Instagram. 

Además de “Acidito”, incluyeron en el EP “El diablo suelto” (Heraclio Fernández), “Un heladero con clase” (Luis Laguna) y “Media luna andina” (César Prato), así como “Desesperanza” (María Luisa Escobar), en la que David Peña acompaña cantando los versos del coro una octava por debajo del silbido del japonés. 

Aunque la base de guitarra y silbido se hizo con la frescura y la espontaneidad que sólo garantiza tocar en simultáneo, Peña agregó más tarde algunas pistas de contrabajo, percusión y maracas.  

En el repertorio también está presente “La bikina”, una canción que no es de origen venezolano sino mexicano, obra de Rubén Fuentes, pero que ingresó a la lista de favoritas del folclore nacional gracias a la versión de “El pichón” Gualberto Ibarreto. 

Venezuela en Japón

Jun Ishibashi, antropólogo cultural que vivió algunos años en Venezuela, ha tendido un puente sonoro entre dos países separados por más de 14.000 kilómetros. Fue él quien fundó en la Universidad de Tokio la Estudiantina Komaba, dedicada a tocar música de raíz venezolana. Gracias a sus gestiones, artistas como Nachy Acevedo y Henry Rubio comenzaron a presentarse en aquel país remoto. Lo mismo ocurrió con el Ensamble Gurrufío en combo con la agrupación Costa Caribe, que hicieron una gira nipona de 23 recitales en 22 ciudades —todo sold out—en 1991. 

Peña, conocido cariñosa y jocosamente con el apodo de “Zancudo” y quien comparte como contrabajista en el aclamado ensamble con Cheo Hurtado, Luis Julio Toro, Juan Ernesto Laya —y el propio Cristóbal Soto en su época fundacional—, cuenta que ha tenido la oportunidad de volver a esa nación asiática en varias ocasiones y que, en cada visita, nota cómo crece el interés por los géneros venezolanos. 

Yuki Takeda nació en Tokio en 1992, justo al año siguiente de aquella primera visita de Gurrufío. En su adolescencia, se mudó con su familia a Países Bajos. También estuvo un año en Guasave, Sinaloa, norte de México, donde aprendió el español, como estudiante de intercambio. En total, ha vivido en siete países de cuatro continentes y ha aprendido a hablar cuatro lenguas además de la materna. 

Cuando estudiaba en la Universidad de Tokio, se inscribió en Música Venezolana, la materia electiva que precisamente fundó Jun Ishibashi. Allí empezó a tocar el cuatro y las maracas. Se encontró fascinado por la complejidad de la manera cómo se toca en este siglo la música de raíz venezolano. 

Además de todo esto —aquí viene el dato más curioso de todos—, Yuki Takeda ha sido campeón mundial de silbadores en siete oportunidades. 

En su participación en el Global Whistling Championship de 2024, disputado en Kawasaki, Japón, poco después de su mes de visita en Venezuela, Yuki Takeda incluyó “Carretera” (Aldemaro Romero) y “Moliendo café” (Hugo Blanco/José Manzo Perroni) en su performance. 

Takeda considera que Simón Díaz, por sus pinceladas en  su “Tonada de luna llena” y en “Sueños de una niña grande” (Aldemaro Romero) “silba virtuosamente”. También ha dicho que su canción favorita para silbar es “Viajera del río” (Manuel Yanes). 

Takeda no deja de destacar la belleza de la música de Venezuela y, sobre todo, la calidez de su gente, que lo han hecho sentir “como si hubiera nacido allí”. Cuando fue con David Peña a Velvet, se trató de su primera experiencia en un estudio de grabación profesional. 

Cuerdas al viento es el registro de una curiosidad —música venezolana con melodías 100% silbadas por un artista japonés— y la materialización en una obra de una camaradería artística binacional. También se trata de una demostración de la maestría de Peña como guitarrista, lo cual no ha sido tan común en su carrera. Pero más allá de las particularidades, se trata de un registro valioso de versiones sofisticadas y dulces de grandes piezas del cancionero venezolano. 

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