
Cada obra de Rafael Greco se siente, al mismo tiempo, como acto de resistencia y salto hacia la gloria. No hay un terreno intermedio, gris, de concesiones y medias tintas. Todo suena definitivo y necesario, comprometido con la belleza hasta las últimas consecuencias. Lo tomas o lo dejas.
Versos bajo mi sombra (Blue Canoe Records, 2026), segundo álbum de esta etapa del multiinstrumentista, compositor y polifacético artista (más conocido como saxofonista e integrante de Guaco por muchos años), es un manifiesto contra la mediocridad y la insensibilidad y a favor de la libertad y la memoria.
Es íntimo, pero desafiante; meditativo, pero catártico; anárquico, pero armonioso. Es prácticamente inclasificable, una pesadilla para aquellos que no pueden vivir sin catalogar, poner etiquetas, separar por folios, expedientes y gavetas.
El álbum lleva jazz en sus huesos. Ese influjo reluce en la introspectiva “Vincenza Nel Mare”. Lo mismo, en la instrumental “La nuit”, ‘la noche’ en francés, cuyo título incluye una dedicatoria a quien inspiró el tema: For Lester Young. Para ser inspirada por un saxofonista legendario, es curioso que él no toque el saxo sino puras teclas wurlitzer. Sin embargo, reconoce la forma de los 32 compases de Young desde una óptica caribeña. Nada es obvio en la obra de Greco.
Contiene latinidad porque cuando él canta, brota un tumbao natural, como quien vocaliza imaginando la percusión. “Get it Straight” viene con un soneo, que, dentro del guion que va desarrollando su propio álbum, es casi una transgresión. No me interrumpas más, que sólo quiero guarachar.
Por momentos, suena como la banda sonora de un sueño. Pasa con “Cenotaph”, con su coletilla graciosa: A farewell to my saxophone case). ¿Por qué no puedo yo despedirme de un objeto que me ha acompañado en las buenas y en las malas y al que le he tomado tanto cariño?
También sugieren esa atmósfera onírica y cinemotográfica “Joseph Conrad’s Delections”, que no sólo muestran su conexión con autor de El corazón de las tinieblas, sino de otros escritores grandes como Borges, Cortázar o Poe; y “Sonatina (Méliès) for solo piano”, que cierra el álbum con un piano acústico, buscando en el minimalismo la claridad, la armonía entre tanto ruido, mientras le suma música a alguna escena ya centenaria de aquel francés pionero del cine.
Versos bajo mi sombra llega a menos de cuatro años de Dice que vive/Signs of life (2022), un álbum que se curtió en el contexto del encierro por la pandemia, mirando por la ventanilla un escenario distópico, que obligaba a reflexionar sobre aspectos fundamentales de la existencia. Pero el impulso de procesar a través de la música, de manifestar desde sonidos su mundo interior, es parte de su vida.
Tras aquel álbum, participó en un experimento junto a los cantautores Guillermo Carrasco y Alfred Gómez Jr. y el maraquero Manuel Rangel, cuya sinergia, tocando en directo en el estudio caraqueño La Santa Mónica, quedó evidenciada en Sesión en vivo (2024),
En el nuevo álbum, Greco persiste en los patrones rítmicos asincopados, entrecortados, nada lineales, como la vida misma. El artista, que grabó un álbum colaborativo con Carrasco titulado Una a la vez (2003), no se lleva bien con lo predecible. Sabe crear abismos y salir de ellos.
De “Bagheria”, que roza el arte sonoro, escarbando recuerdos de infancia en Sicilia, pasa a “I Changed The Title”, donde recordamos que esa voz que ha estado en coros guaqueros. Me cambio el nombre, si quieres, reza, dulcemente, acompañándose con un teclado y los bajos virtuosos de Jimmy Haslip. Y de esa, construye una oda a la amistad, llamada “Due Fratelli”.
De “Lucía”, que convierte el dolor en belleza, del vacío que dejó la muerte de su madre al color que trajo a su vida su hija, se va a la incertidumbre de la incierta “Dr. Igloo, my evil and clumsy Stalker”.
La grabación contó con una lista de nombres que levantaría las cejas de cualquier melómano. No sólo participaron sus paisanos el baterista Fernando Valladares (Guaco) o el percusionista Luisito Quintero (Chick Corea), sino los estadounidenses Dave Weckl, Vinnie Colaiuta y Mark Ferber, y el surafricano Anton Fig.
Germán Landaeta diseñó el sonido, mezcló y masterizó todo lo que Greco creó, incluidas las participaciones del clarinetista Marcos Salas, los tecladistas Scott Kinsey y el larense Santiago Bosch, así como las voces de Ezequiel “El Negro” Serrano (el hijo) y, su habitual colaboradora, Pimpi Santiestevan.
La que le dio título al LP, “Verses Under My Shadow”, es la que escogió para abrir. En ella enumera, desde voces procesadas, absurdos y distorsiones de la actualidad entre un manta de realismo: Todo lo malo ha de morir como se muere lo bueno/ Nada es eterno (…) Todo, eres / Nada, eres.