
La cuna dice mucho de la criatura. Ésta nació en Terraza 7, un bar que maneja un colombiano en Jackson Heights y Elmhurst, en Queens, desde principios de este siglo. Es el ombligo de Nueva York, una ciudad definida por la migración, por el melting pot, un territorio en el que confluyen migrantes hispanoamericanos que, de permanecer en sus países de origen, quizá no se hubieran encontrado nunca.
Allí acudieron una noche de 2021, todavía sacudiéndose el polvillo de la pandemia, tres músicos venezolanos acostumbrados a tocar juntos: el pianista Gabriel Chakarji, el baterista Daniel Prim y el vibrafonista Juan Diego Villalobos. Pero tenían un problema serio: no conseguían bajista. Siempre escasean los bajistas.
Gabriel se llevó un teclado key bass para encargarse de ese vacío. Juan Diego, también. Así, cuando el pianista estuviese en un solo, él podía apoyarlo, darle libertad para desplegar sus armas sin preocuparse por las bases. Daniel, desde su batería intervenida con elementos de la tradición afrovenezolana, se encargó de completar el sello, el elemento diferenciador. ¿El nombre? Fácil: Caracas. Caracas Trío.
No importa cuánto jazz transportes, dentro de la enorme y avasallante marea de propuestas sonoras que ofrece la gran metrópolis, es un desafío enorme encontrar el ají dulce, la pizca de papelón, el amargo de Angostura que te permita sonar distinto; lograr que ese público cosmopolita y curioso levante las cejas, se quede y pida otro trago.
La raíz
Visto bien, Caracas Trío es un ensamble armado con tres instrumentos percusivos. Acá la percusión está muy lejos de ser un acompañamiento. La percusión es el corazón.
De eso han dejado muestra en su primer álbum, titulado simplemente Folklore (2025), grabado en el estudio Big Orange Sheep de Brooklyn; mezclado y masterizado por Germán Landaeta.
La pista 1 viaja a una raíz profunda. Rodeado por un aura en el que se conjugan la naturaleza exuberante y el universo de lo mágico-religioso, el invitado Carlos Tález canta: África me está llamando.
Es el intro de “Folklore”, composición de Juan Diego Villalobos que introduce un jazz mestizo con golpe de tambores, que envía mensajes universales pero lo hace siempre desde el código +58. Tález vuelve a salir a escena a modo de conclusión: En la costa del Caribe, Juan, África presente está.
Martín Villalobos y Yury Martínez, ambos padres de Juan Diego, pertenecieron al Grupo Candela, una agrupación que otrora trabajó sobre las variantes de la gaita zuliana y la tradición de esa región del Occidente de Venezuela. Su padre, además, es chimbanglero, cultor de una corriente asociada a la fiesta de San Benito.
Por eso a Juan Diego le resultó natural escribir “Gaita soul”, una gaita de tambora encarada desde las libertades del jazz, y “Antes que nada”, basada en el chimbangle, compuesta a partir de un sueño: La melodía le vino desde el mundo onírico; se levantó, se sentó al vibráfono junto a la cama, la probó y después se volvió a acostar.
Villalobos también aportó la que cierra el LP, “Amor y agua”, una pieza de colores vivos, optimista, que mira al futuro. Sugiere cierta cadencia brasileña, aunque él no la escribió con eso en mente.
Rafa Pino, cantautor establecido en Bogotá, recita en el interludio: Ojalá esté cerca del día en que nos veamos como iguales. Orestes Gómez, gran baterista y percusionista establecido en México, le sirve la base rítmica.
Los versos y golpes le abren la puerta a “VIM (Venezuela in Motion)”, una composición de Gabriel Chakarji que es parte de otro proyecto suyo. Hablar de Venezuela in Motion es hablar del país en la diáspora, el país en constante transformación adaptativa, influido por otras culturas, mutando en colores, sonidos y sabores sin dejar de aferrarse a su esencia.
El arte de Daniel Prim se esparce por todo la obra. Influenciado por músicos cubanos y asesorado por Adolfo Herrera, ha incorporado a su set de batería elementos de la tradición afrovenezolana, que le gusta ver, no como ritmos sino como un vocabulario, amplio y flexible. Puede hacer los palos con el pie izquierdo, como suena en “Cortaleña”, pero también incorpora ingredientes de Cumboto o de Cata. La geografía de la costa caribeña se va dibujando en su performance.
En los shows, se ponen los tres en primer plano a tocar culoepuyas y Daniel canta como tantas veces lo escuchó en las fiestas de San Juan, paraduras del Niño y parrandas.
Y “UMMG” es una versión, con aire de chacarera sureña, que hizo Chakarji de “Upper Manhattan Medical Group”, una de tantas y tan célebres colaboraciones de Duke Ellington y Billy Strayhorn.
La historia
Tanto Daniel Prim, como Juan Diego Villalobos, participaron —usando tapabocas pandémicos— en el concierto de lanzamiento de New Beginning, el álbum que Gabriel Chakarji, quien estudió en la New School for Jazz and Contemporary Music, editó en 2020.
En la Manhattan School of Music estudiaron Villalobos, quien ha presentado varios trabajos, incluido el Quintet Live (2024); y Prim, quien editó un álbum con su proyecto Parampanpán, que lleva por título Home (2024).
Los tres llevan en su ADN al Sistema de Orquestas. Gabriel y Daniel se conocieron en la Big Band Jazz Simón Bolívar, que dirigía Andrés Briceño dentro esa megaestructura de escuelas, orquestas y coros. Y Juan Diego fue percusionista de la Orquesta Juvenil Teresa Carreño, por la que se trasladó a Caracas desde su natal Maracaibo.
Caracas Trío es un ensamble formado por migrantes en Nueva York en un tiempo muy difícil para los migrantes en Estados Unidos. Por eso el álbum no podía desviar la mirada del problema. El último de los interludios de Folklore, «Let Me Smoke», en el que participa la invitada Janelle McDermouth, envía un mensaje inequívoco:
We dream, not of colonized lands and arbitrary borders, but of whole families and full stomachs
(Nosotros soñamos, no con tierras colonizadas y fronteras arbitrarias, sino con familias completas y estómagos llenos).
Link para escuchar: